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domingo, 21 de agosto de 2011

Hacia el terror

Desde hace muchos años, probablemente desde mi niñez, comencé a sentirme
atraído por el arte. Era algo difuso y no sabía que camino tomar, que rama del
arte sería la que me gustaría, y sobre todo en la cual sería bueno (Aún no lo se).
En mi búsqueda, primero probé con la actuación.
Me inscribí en una clase de teatro. Casi al final del curso, sentí que la actuación
no era para mi. Me lo confirmó el profesor del curso. Cuando estaba eligiendo
quién participaría en la obra, me llamó aparte y me dijo:

- Mire, una obra de teatro no es solo el grupo de actores que participan en ella.
Hay gente que hace otro trabajo y es igual de importante, son parte del
equipo ¿Me entiende?.

Para resumir: el profesor me pidió que ayudara a los utileros.
Después que bajó el telón, al terminar la obra, comenzamos a desmontar la
escenografía. El teatro tenía dos corredores principales unidos por pasillos,
también tenía muchas puertas. Era un lugar muy amplio, y las voces de la
gente que estaba en los camerinos más próximos al escenario, se disipaba
con rapidez al avanzar por el corredor solitario.
Cargaba una mampara, iba a dejarla en el salón de utilería, situado en el
fondo de uno de los corredores, cuando al cruzar frente a una puerta,
escuché el llanto de una mujer.

El llanto se oía por demás lastimoso, me detuve a escucharlo, y vi que la
puerta comenzó a abrirse lentamente.
- ¡No mires para adentro! ¡Salí de ahí! - gritó uno de los utileros mientras
corría hacia mi.
En ese momento pensé que dentro del camerino había una actriz en paños
menores, como decían antes. Estuve tentado a mirar, pero voltee hacia un
lado y avancé por el corredor. El otro utilero cruzó sin mirar y me alcanzó.

- Cuando veas que esa puerta se abre no mires para adentro, ahí hay un
fantasma - me advirtió el utilero.
- ¡Un fantasma!. No me la creo - le dije con aire de incredulidad.
- Es cierto, es el fantasma de una actriz que se suicido en ese camerino.

Permanecí incrédulo, creí que intentaba gastarme una broma. Aún tengo
la costumbre de tomarme casi todo en broma.
Una semana después, cuando bajaron el telón del teatro, tomé la misma
mampara y me dirigí al salón de utilería. Crucé lentamente frente a la puerta, y,
nuevamente, escuché el llanto de mujer. De nuevo la puerta comenzó a abrirse.
Mi corazón comenzó a latir mas fuerte. El porque decidí mirar hacia adentro
no lo se bien. Creo que fue por una mezcla de cosas; curiosidad, arrojo, y
seguramente una gran medida de estupidez.

A medida que la puerta se iba abriendo, experimenté, repentinamente, un
terror súbito y atroz. Antes de ver algo cerré mis ojos, y escuché como el
llanto se oía cada vez mas cerca. Lo que estuviera delante de mi, ya estaba
a menos de un paso. Sin abrir los ojos, di unos pasos lateralmente.
Al alejarme de la puerta escuché como esta se cerraba, solo entonces abrí
los ojos. Ahí terminó mi carrera en el teatro.

Nunca creí que mi búsqueda del arte fuera ha llevarme hacia el terror.



3 comentarios:

Emiliano dijo...

Lo que se ganó el pobre por no hacerle caso al utilero.

Jorge Leal dijo...

Además era un consejo útil jaja!

Emiliano dijo...

Cierto. Jaja...

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