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sábado, 27 de agosto de 2011

Dentro del baúl

Carlos recién llegaba de la escuela. Cuando entró a su habitación para guardar
su mochila, vio que en ella había un enorme y viejo baúl.
Su madre estaba en la cocina, preparando el almuerzo.
- !Que porquería metieron en mi cuarto¡ !Sáquenla¡ - dijo Carlos, muy enfadado.
- A mi no me digas nada. Fue tu padre el que dejó ese baúl en tu cuarto.
Carlos fue hasta la sala, donde su padre leía un libro.
- !Papá¡ ¿Porqué metiste aquella porquería en mi cuarto?.
- ¿Porquería?. Las antigüedades que compro pagaron esta casa. Lo coloqué
en tu cuarto porque la otra habitación ya está llena. Tienes espacio de sobra.
Es solo por un día, o dos cuando mucho.

- Y si lo arrimamos hasta el corredor - propuso Carlos - Ahí hay lugar.
- Se queda en tu cuarto y se terminó. Ahora anda a lavarte las manos.

Carlos almorzó enfadado. A medida que el día fue pasando se olvidó del
asunto. Al llegar la noche recordó que tenía que dormir al lado de aquel
baúl. Durante la cena volvió a insistir:
- Papá. No quiero que esté en mi cuarto. Y si lo sacamos para el corredor.
- Ya hablamos sobre eso, es solo por un día.
- ¿Y que tiene adentro esa cosa?.
- Es mejor que no te lo diga - le contestó su padre.
- Diciendo eso lo vas a asustar - observó la madre de Carlos.

- ¿Por qué me va a asustar? ¿Qué hay adentro?.
- Nada…documentos, papeles, nada importante.
- ¿Y porque no querías decir que había? - insistió Carlos.
- Porque estamos cenando, y de ese tema ya hablamos.

La explicación de su padre no lo convenció. A la hora de dormir, entró
a su cuarto y se acercó al baúl. Consideró que era mejor abrirlo en ese
momento, y no pasar la noche asustado, pensando que habría dentro de el.
No tenía candado, lo cerraba un mecanismo simple, unas trabas.
Las abrió al mismo tiempo; la tapa del baúl saltó hacia atrás, con violencia, y
de su interior, surgió con rapidez, como si se pusiera de pie de un salto, un
personaje al que Carlos le tenía terror, un payaso.

El payaso quedó bamboleándose, con los brazos abiertos.
El susto fue tan grande que a Carlos se le paró el corazón. Con su último
aliento alcanzó a gritar, y sus padres lo oyeron. Cuando irrumpieron en
la habitación lo encontraron tirado en el suelo. El payaso aún se bamboleaba.
Era un muñeco impulsado por un resorte


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