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martes, 30 de agosto de 2011

El cuarto del muerto

Alejandro era un niño malcriado y caprichoso; y el mudarse de casa no lo tenía
feliz. Apenas llegó a su nuevo hogar comenzó a hacer berrinches. Su padre lo
entró a la casa agarrándolo de un brazo. Alejandro trataba de zafarse y pateaba.
- ¡Quiero irme! ¡No quiero estar en esta casa! - gritaba.
Ya adentro de la casa se calmó un poco, pero disgustado, comenzó a criticar
todo lo que veía:
- Esta casa es vieja, tiene olor a viejo, está toda fea - protestaba.

Su madre se inclinó hacia él y lo tomó de la mano - Vamos a conocer la casa.
Seguro que te va a gustar - le dijo - Tiene varios cuartos y cosas lindas.

Alejandro se secó las lágrimas que corrían por sus mejillas. Su madre le limpió
la nariz con un pañuelo, y comenzaron a recorrer su nuevo hogar.
La vivienda era grande y vieja; tenía dos plantas y un gran número de ventanas.
Sobre las lámparas de los corredores se depositaba una fina capa de polvo,
dándole a la luz un tono amarillento, como de efecto sepia, haciendo que
todo se viera mas antiguo.
Madre e hijo caminaban por el corredor y se detuvieron frente a una puerta.

- Esta es la habitación donde vamos a dormir tu padre y yo. Vamos a entrar.

Para lo amplia que eran las habitaciones, las ventanas eran pequeñas, además
sus vidrios eran gruesos y azulados. Esto mantenía a los cuartos en un
constante crepúsculo durante el día, y apenas bajaba el sol se volvían oscuras.
Salieron del cuarto y fueron a la puerta siguiente.

- Ahí está la tuya, al lado de la nuestra, bien cerquita - la madre de Alejandro
abrió la puerta y, vio, por un instante, que sobre la cama había un hombre;
estaba acostado con los brazos cruzados sobre el pecho, como un muerto.
Lo vio por un instante muy corto en el tiempo, después desapareció.
Levantó a su hijo y lo cargó entre sus brazos mientras corría por el corredor.

El padre de Alejandro escuchó lo que su esposa le relató con cierta incredulidad.
- ¿Estás segura de lo que viste, no te lo habrás imaginado? ¡Un muerto!.
- Se lo que vi. Era un muerto sobre la cama ¡Fue horrible!.
- Está bien, no digo que no te crea. Espero que estés equivocada porque esta
casa me costó mucho. Tal vez no fue nada, viste mal o algo…

Durante cinco noches seguidas Alejandro durmió con sus padres. En el
transcurso de esos días todo trascurrió normal. Su madre terminó
convenciéndose de que había imaginado aquello. A la sexta noche hicieron
que Alejandro durmiera en su habitación. Durante la noche fueron a verlo
un par de veces, el niño parecía dormir tranquilamente.
a la mañana su madre fue a despertarlo:

- Alejandro. Es hora de levantarse dormilón ¡Arriba! - Alejandro se desperezó
y se sentó en la cama.
- ¿Cómo pasaste, dormiste bien?.
- Si. Ahora me gusta mas la casa. No es tan fea.
- ¡En serio! ¡Que bien!. Ahora tienes que lavarte, yo voy a preparar el
desayuno - su madre le dio un beso y salió del cuarto.
Cuando Alejandro quedó solo comenzó a observar el cuarto, después sonrió.
- Claro que me gusta esta casa. Nací y morí en ella.





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