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domingo, 7 de agosto de 2011

El monstruo

Después de varios kilómetros dando tirones, el auto en el que viajaba David y
su padre dejó de andar.
- !En donde nos viene a fallar el maldito auto¡ !en medio de la nada¡ - dijo el
padre de David, que se llamaba Miguel.
Habían estado pescando durante todo el día, y se hicieron al camino ya entrada
la noche. El auto se detuvo en un camino apartado, en una zona despoblada.
A los lados del camino comenzaba un bosque. Era una noche clara de luna.

- Voy a revisar el motor, espero que sea algo fácil. No salgas del auto, que
ya refrescó, si te resfrías después tu madre me cae encima.
- Papá, ¿Y si no lo puedes arreglar?.
- Si no lo arreglo no pasa nada, dormimos en el auto y seguro que mañana
alguien cruza por aquí y nos ayuda.
Mientras su padre revisaba el motor, David miraba a su alrededor. El bosque
iluminado por la luna, tenía un aspecto aterrador. Entre las ramas cubiertas de
hojas, en los troncos nudosos, y en las sombras, parecían formarse siluetas y
caras monstruosas.

David se estremeció ante la aparición repentina de una cabeza por demás
grotesca, que se asomó entre unas ramas, y después de sonreír con una boca
enorme, le hizo un guiño con un ojo.
- !Papá¡ !un monstruo¡ - gritó David con todas sus fuerzas.
- ¿Qué pasó, que viste?.
- !Allí esta, me está mirando¡ !que se vaya¡.
Miguel buscó con la vista y la vio; sus orejas no estaban a los lados, estaban
en la frente, y caían hasta casi tocar unos ojos pequeños. Tenía hocico y una
nariz enorme, la boca era como un abismo, ancho y negro.

Miguel quedó paralizado, mirando aquella cabeza. Después de un momento
de terror, creyó reconocer aquellos rasgos.
- !Es un cerdo¡ !que susto me dio, bicho de m…¡. David, no te asustes, es
un cerdo, mírale las orejas, y la nariz.
- Si es un cerdo porque se está riendo, mira como hace con la boca - observó
David, llorando. A su padre también le pareció que sonreía, pero quiso
convencerse de que solo era un animal. Tomó una piedra y se la arrojó cerca.

- !Fuera¡, !ah¡ !salga bicho¡ - gritó Miguel. La cabeza desapareció entre el
follaje - Viste, era un cerdo, ahora se fue. No pude arreglar el auto, hay que
pasar la noche aquí.
- ¿Y si el chancho vuelve?.
- No va a volver, lo asusté. Yo duermo aquí, vos dormís en el asiento trasero.
David estuvo despierto un par de horas, pero al final el sueño lo terminó
venciendo.
Despertó al escuchar que golpeaban la ventanilla.
- !David, despiértate ¡ salí del auto, ven, nos vamos.
- ¿Adonde vamos papá?.
- Encontré una casa aquí cerquita, vamos, dame la mano.

David le dio la mano y se adentraron en las sombras del bosque.
En el interior del auto quedó el cuerpo de Miguel, aquella criatura lo había
asesinado, y ahora vestía como el.
- Papá, ¿porqué te pusiste el sombrero?. No se te ve la cara, !papá¡.

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