¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

domingo, 28 de agosto de 2011

La ofrenda del Diablo

Hoy me enteré que Carlos falleció. Al fin quedó libre de su sufrimiento.
Vivíamos en el mismo barrio y éramos amigos desde niños.
Aquel día, aquel nefasto día, caminábamos por el sendero de un bosque
que estaba cerca de nuestro barrio. Ese bosque estaba lleno de árboles de
Pitanga, una pequeña fruta nativa.
El sol ya estaba cerca del horizonte cuando regresábamos con dos bolsas
llenas de pitangas, y un gran puñado deshaciéndose en nuestra boca.

El sendero era angosto y los árboles eran altísimos y de tronco grueso.
Al mismo tiempo vimos algo que llamó nuestra atención. Estaba en un
claro del bosque, a unos metros de nosotros. Era una bandeja grande y
blanca, estaba en el suelo, y sobre ella había comida.
Escupí las semillas de pitanga que tenía en la boca, y señalando la bandeja
le dije a Carlos:
- Que raro, es comida ¿Quién habrá dejado eso ahí?.
En la bandeja había carne asada y frutas. Un enjambre de moscas pululaba
sobre aquellos alimentos que ya desprendían mal olor. Carlos escupió las
Semillas que tenía en la boca, y muy serio me dijo:

- Es una ofrenda. La abuela me habló de estas cosas. Hay gente que deja
estas ofrendas.
- ¿Una ofrenda a quién? - pregunté.
- Es una ofrenda para el Diablo - me contestó una voz que llegó desde los
árboles que estaban detrás nuestro. Volteamos y vimos a un niño,
aparentemente de unos cuatro o cinco años, caminando rumbo a nosotros.
Vestía una especie de túnica blanca, y noté que estaba descalzo.

Vi que cruzó por encima de unas espinas sumamente agudas y duras que
crecen al ras del suelo, pero siguió andando como si no las notara.
No se si fue solo eso lo que me advirtió sobre su naturaleza sobrenatural,
o fue un presentimiento, o tal vez algo mas. Lo que se es que me asustó
muchísimo, y a Carlos también. Corrimos casi al mismo tiempo.
Nos habríamos alejado unos metros cuando vi que Carlos miró hacia atrás.
Lo que vio lo hizo lanzar un alarido de terror. Se que solo volteó
por un instante, pero aparentemente aquel niño, mas bien aquella aparición,
se había transformado en algo tan horrible, que Carlos desde ese día ya no
volvió a ser el mismo. Gritó hasta que salimos del bosque, después quedó
callado, y nunca mas habló.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?