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jueves, 4 de agosto de 2011

Una aparición

La lluvia había cesado, pero el agua aún corría por las calles.
El reloj de Andrade marcaba las once y media de la noche, su ronda aún no
terminaba. El mal tiempo mantenía a la gente en su hogar. Por encima de las
luces de la ciudad, la tormenta se estremecía entre relámpagos.

Andrade siguió caminando, cubierto por una capa impermeable. Bajo la sombra
de su gorra de policía, sus ojos inspeccionaban los pórticos oscuros, los corredores
que separaban las casas, y en especial las edificaciones abandonadas que abundaban
en aquella calle.
Fue al cruzar frente a una casa ruinosa que alguien, o algo le chistó:
- !Psss…psss¡.
Andrade volteó hacia una ventana. La ventana daba hacia la oscuridad, y desde
aquellas tinieblas, emergió el pálido rostro de una muchacha, que sonreía de forma
macabra. Andrade notó que solo era una cabeza, flotando en la oscuridad,
meciéndose hacia los lados, subiendo, acercándose y alejándose de la ventana, con
movimiento pendular.

Cuando consiguió apartar sus ojos de aquella macabra escena, se santiguó y se
marchó lo mas rápido que pudo, seguro de que aquello era una aparición.
Un día después, cuando llegó a la jefatura, se enteró de una noticia terrible.
Habían matado y decapitado a una muchacha, en la casa abandonada por donde
el cruzó. Lo que vio no fue una aparición, era la cabeza de la muchacha sostenida
por la mano del asesino, oculto en la oscuridad.

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