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lunes, 5 de septiembre de 2011

Al lado de la casa embrujada

Hugo trabajaba en una fábrica de pastas, en el horario nocturno.
Cuando llegó la media hora de descanso, fue a hasta un patio interior
que había detrás de la fábrica; en donde los empleados iban a fumar.
Esa noche nadie lo acompañó, los demás salieron a la calle, buscando la
brisa nocturna.
Hugo estaba solo, con sus pensamientos y su cigarro. El patio estaba
pobremente iluminado por un par de tubos de luz que estaban en lo
alto de la pared del local. Unos muros grises separaban el patio de otras
propiedades: por un lado un terreno baldío, el muro del fondo daba a
unas viviendas a medio terminar, y en el otro lado había una gran casa
abandonada.

Mientras echaba unas bocanadas de humo, contemplaba el enjambre de
insectos que pululaban en torno a los tubos. De repente sintió que algo lo
golpeó, y una piedrita rodó por el patio, alguien se la había arrojado.
Instintivamente miró a su alrededor, y vio como otra piedra volaba hacia él
desde el muro que daba a la casa abandonada. Esta vez el proyectil no le dio,
le pasó rozando y después rodó por el patio.

- ¿Quién es el gracioso que está tirando piedras? - gritó Hugo - ¡Si tiran otra
voy hasta ahí y nos vamos a ver la cara! - amenazó.
Apenas terminó de hablar arrojaron otra piedrita.
- ¡Ahora van a ver! - dio un salto y se colgó del muro. Estaba por saltar al
otro lado cuando un compañero que llegaba hasta el patio, al verlo le gritó:
- ¿Qué estás haciendo? ¡Bájate de ahí! ¡Esa casa está embrujada!

Aquellas últimas palabras fueron las que hicieron que Hugo desistiera y
bajara del muro. Su compañero le volvió a hablar:
- No es bueno andar solo por aquí, te lo digo por experiencia. ¿Por qué
ibas a saltar, escuchaste que te llamaban? A mi una vez me pasó eso.
- No, yo no escuché nada. me estaban tirando piedras… - cuando Hugo fue
a señalar una de las piedras, notó que ya no estaba, buscó las otras pero
tampoco las encontró, habían desaparecido, o nunca existieron.

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