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martes, 27 de septiembre de 2011

Cazador de Duendes

Acabábamos de mudarnos a aquella Casa. En el terreno había un Galpón. De tan viejo
que era, estaba inclinado hacia un lado. Mi Madre no me dejaba revisar las cosas que
habían en el, y eran muchas, estaba repleto de todo tipo de objetos.

- Está lleno de porquerías - decía mi Madre - Más adelante voy a pagarle a alguien
para que se lleve toda esa basura, y que desarme ese Galpón. No te metas ahí, debe
haber Ratones, o Víboras, quién sabe. ¡Ni se te ocurra meterte ahí!

A esa edad, decirme que no hiciera algo, era como alentarme a hacerlo.
Como estaba solo varias horas al día, recorrí y revisé el Galpón de punta a punta.
Mucho de lo que allí había si era basura. Solo encontré un objeto lo bastante
interesante como para esconderlo en mi cuarto.
Era una trampa muy elaborada, hecha en Hierro fundido. Por su tamaño, deduje que
era para cazar Ratas. Lo que me extrañaba era que su mecanismo no estaba a la vista;
demoré días en descubrir como funcionaba. Me pareció exagerada tanta precaución
para atrapar una Rata, como si fueran tan inteligentes.

Una noche, mi Madre entró a mi cuarto a despertarme.

- En el techo anda un gato - me dijo - Espero que no sea una Rata ¡Que asquerosidad
de bicho! Salí y tírale una piedra, ¡yo no me animo!

Salí fuera de la Casa, me alejé un poco y miré hacia el techo. Por encima de la Casa
iba asomando la Luna llena; la noche estaba clara. Si algo andaba en el techo lo iba a
ver perfectamente, y lo vi.
Un ser pequeño, que andaba en dos patas, de apariencia humanoide, caminaba
velozmente sobre el filo del alero.
Entré corriendo, asustado, mi Madre se alarmó un poco.

- ¿Porqué entras así? ¿Qué andaba en el techo? - me preguntó.
- ¡Un hombrecito! Pasó corriendo.
- ¿Qué? Pero que estas diciendo ¡Un hombrecito! Parece que no te despertaste del
todo. Ahora a acostarse. No oigo más pasos, se debe haber ido, seguro que era un Gato.
- ¡Era un hombrecito! - protesté.
- ¡A acostarse! Que mañana hay clase.

Esa noche no volví a pegar un ojo. No podía dejar de pensar en aquel ser que había
visto, porque de eso no tenía dudas; lo vi. Cerca del amanecer, una idea, una revelación
vino a mi mente, de forma repentina y clara, como si alguien me lo hubiera susurrado al
oído: La trampa es para cazar Duendes. Entonces tuvo sentido lo elaborada que era;
seguramente los Duendes son muy astutos, y el antiguo dueño de la Casa, la había
construido para atraparlos, mas bien para matarlos.

Las noches siguientes seguimos escuchando ruidos, no solo sobre el techo, también
adentro. Aquel ser parecía hurgar por todos lados, y a veces sentía que me espiaba.
Convencí a mi Madre de que lo que andaba era una rata. De esa forma me dejó colocar
la trampa.
Le coloqué todo tipo de cebo pero no funcionaba, no caía en ella. Durante la noche
nuevamente tuve una revelación: Caramelos. Le coloqué caramelos. Esa noche
escuché un ¡Plaf! ¡Había caído!
Cuando llegue a la trampa estaba vacía, pero había manchas de sangre.

Desde esa noche todo empeoró. No solo se oían ruidos, también se escuchaban voces.
Después de unos días más nos mudamos de la Casa, estaba embrujada.
Con el tiempo, llegué a la conclusión de que el Duende no era malo. Aparentemente él
nos protegía de otro ser de naturaleza maligna. Me di cuenta que fue aquel ser el que
me enseño como cazar al Duende.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Jorge!
Me encantan tus cuentos, pero en especial los de duendes, ¿para cuándo tu libro?
Saludos!
M. S.

Jorge Leal dijo...

Gracias por todos los comentarios M.S.
Cuando lo tenga ya sé que voy a vender uno entonces ¡jaja!
¿Visitaste mi otro blog de cuentos de terror? En él hay algunos cuentos un poco largos que tal vez te gusten, mientras esperas el libro. Saludos!!

Anónimo dijo...

cuál es tu otro blog????

Jorge Leal dijo...

Ahora ya no lo tengo, lo eliminé. Pero casi todos los cuentos están aquí, los más largos los puse como páginas, en la parte derecha del blog. Saludos.

Anónimo dijo...

Eres Velázquez?

Jorge Leal dijo...

¿Yo? No. Creo que estás confundido, o es una broma que no conozco ¡Jaja!, del tipo "conoces a Carmelo".
Saludos.

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