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sábado, 24 de septiembre de 2011

Corazón de Vampiro

El cementerio parecía congelado por la luz de la luna, que a esa hora de la noche, estaba muy alta en el cielo. No se movía ni una brizna de pasto. Todo parecía más pálido y lúgubre bajo aquella luz: las lápidas, las criptas, los nichos, hasta las piedras
que formaban los senderos resplandecían ante la mirada de la luna.
La puerta de una antigua cripta rechinó al abrirse. De la cripta brotó una bruma fantasmal, y con ella surgió la delgada y alta silueta de Leopoldo, el vampiro.

La luna se ocultó detrás de una nube, como si ella misma le temiera. Leopoldo salió del cementerio y se internó en un bosque oscuro y profundo. Caminó entre las sombras de los árboles
hasta llegar a un camino que atravesaba el bosque, he iba hasta un pequeño pueblo de campesinos. Siguió entonces por ese camino, andando tan silencioso como una sombra y con la agilidad del viento.

Se deslizó por la oscuridad y llegó hasta una casa que estaba algo alejada de las otras. La chimenea del hogar lanzaba humo al aire frío de la noche, y la ausencia de viento lo hacía elevarse hasta lo alto. Dentro de la casa, una familia cenaba tranquilamente. En el
centro de la mesa había un farol de aceite encendido, que iluminaba a los que estaban en torno a ella. Eran tres las personas que allí estaban: un matrimonio y su hija, una muchacha por demás hermosa.

Leopoldo los espiaba a través de la ventana. Sus ojos negros se fijaron en la muchacha. En toda su larga existencia jamás vio una muchacha más bella. Desde que se había transformado en vampiro, lo único que sentía era la necesidad de beber sangre; todas sus acciones giraban en torno a eso, era el único impulso que sentía.
Los demás sentimientos parecían haberse ido junto con su alma, ya no estaban en aquel cuerpo. Mientras observaba a la muchacha, regresaron a él viejas sensaciones que creía perdidas. Casi le dolía el pecho, como si su corazón quisiera volver a latir.

La espió hasta que ella se retiró a su cuarto. Después, mientras dormía, escuchó su respiración, parado al lado de su ventana.
Esa noche se olvidó de sus sed de sangre. Regresó a su cripta al borde del alba.
Volvió a verla a la noche siguiente. Allí estaba, iluminada por la luz del farol. Ni la habilidad del mejor poeta, en su día más inspirado, podría describir la belleza inigualable que tenía aquella humilde muchacha. Cuatro noches seguidas fue Leopoldo a espiarla por la ventana. En la quinta noche vio que había un invitado en la mesa. La muchacha le sonreía dulcemente y lo miraba a los ojos: evidentemente era su enamorado.

Leopoldo derribó la puerta e irrumpió en la casa. La gente de los hogares cercanos se arrimó al escuchar los gritos. Con antorchas y armas en las manos, los más valientes entraron a la casa. Ya era demasiado tarde. La furia de Leopoldo los había despedazado.
A la muchacha le faltaba la cabeza, nunca la encontraron. Estaba en la Cripta de Leopoldo, este la conservaba como un tesoro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

esta bueno pero como se va a llevar la cabeza los vampiros solo beben sangre no comen carne

Marilu Cordova dijo...

se llevo la cabeza solo xq era muy hermosa y keria conservarlo como trofeo-!!!

Anónimo dijo...

es muy bueno me encanto la verdad
:)

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