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jueves, 15 de septiembre de 2011

Dentro de la casa embrujada

Lo había contratado la comisión de turismo de la ciudad. Lo que tenía que hacer
Franco era aparentemente simple, vigilar la casa más antigua de la cuidad. Una
construcción que se mantenía en pie desde la época colonial. Era un edificio
histórico. Durante el día recibía la visita de turistas, que cámara en mano recorrían
sus bastos corredores y numerosas habitaciones.
Franco llegó a la casa al atardecer. Emilio, quien iba a ser su compañero, lo esperaba
en el portal. Emilio era un veterano con sendas arrugas en su frente y mirada de
desconfianza, su voz era áspera, como si las palabras rasparan su garganta.

Ya se habían conocido cuando contrataron a Franco. Tras un breve saludo Emilio
le indicó a Franco que lo siguiera. Atravesaron una sala sobrecogedora, de techo
abovedado y gigantesco. En sus paredes había relieves y pinturas que representaban
extraños seres con rasgos humanos y animales, principalmente Faunos de cuernos
retorcidos y torso humano, y peludas patas de cabra.

- ¡Que impresionante! - comentó Franco - Nunca había entrado aquí, pensé que
era algo aburrido, solo una casa vieja; pero es impresionante.

- Sí, a todos les parece impresionante - gruñó Emilio - ¡Para mi es una maldita
casa aterradora! Ya vas a ver. No cuento las cosas que he vivido aquí para que
no me tomen por loco, además el sueldo es bueno, se que hay trabajos peores.

Franco quedó callado, tratando de adivinar si lo que había dicho su compañero
era una broma o hablaba en serio.
Después de recorrer un angosto pasillo entraron a una habitación pequeña.
Emilio trancó la puerta, fuera ya estaba de noche. En la habitación había una
mesa y un par de sillas: sobre la mesa algunas revistas, una máquina de hacer
café, una radio con reproductor de CD, y tres linternas.

- ¿Y ahora que hacemos? - preguntó Franco.
- Ahora esperamos a que amanezca - contestó Emilio, seguidamente colocó
un disco en la radio - ¿Te gusta la música de los ochenta? Bueno, si no te
gusta igual la vas a escuchar - alzó el volumen y se sentó a escuchar.

Ya habían escuchado barios temas cuando oyeron que golpeaban la puerta.
Franco se levantó y miró a su compañero.

- No abras - le ordenó Emilio - Es una de las porquerías, una de las cosas que
rondan en esta casa - mientras hablaba seguían golpeando la puerta con
insistencia. Luego se escuchó unos pasos, pero no sonaban como el andar de
un humano, sonaban como dos pezuñas golpeando el suelo.
Franco se sentó, las piernas le temblaban por causa del terror que sentía.
Emilio le ofreció una taza de café.

- Esto pasa todas las noches, acostúmbrese - le dijo - Las primeras veces abrí
la puerta pero nunca vi a nadie, solo se los escucha caminar por la casa.
Aparte de los sustos que me he llevado nunca me pasó nada malo.

Mientras Emilio hablaba Franco no dejaba de ver hacia la puerta. De repente
notó, por el rabillo del ojo, que su compañero tenía cabeza de cabra.

3 comentarios:

  1. Hay que miedo, yo me hubiera infartado si estuviera en esa situación, se me erizo la piel, creo q soñaré la historia... si duermo.

    Eres muy buen escritor, saludos.

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  2. gau muy buenooo, que feo seria estar en su lugar, pero prefiero ver una cabeza de cabra que ver algo mucho peor que eso!!!. el cuento estubo re copado

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