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jueves, 8 de septiembre de 2011

El fantasma de la casa

Hace cinco años fui a un congreso de jóvenes, del partido político en que yo
militaba. La gente como yo, que llegaba desde otras ciudades, pasaba la noche
en las casas de otros militantes del partido.
A mi me tocó la casa de un matrimonio de veteranos. La señora era aparentemente
mas joven que su esposo, los dos eran muy amables y serviciales; pero a pesar
de eso, aquel hogar me causaba cierta inquietud, no me sentía muy a gusto.

Pensé que era el aspecto de la casa lo que causaba en mi algo de temor. Bien
podía filmarse en ella una película de terror. En sus paredes grises colgaban
numerosos cuadros: en algunos había jinetes cazando zorros, otros eran de
paisajes, bosques, montañas, ríos que serpenteaban entre praderas.
En una habitación había cabezas disecadas de animales. El hombre las señalaba
y contaba la historia de cada una:

- Este si que me dio trabajo - me dijo el hombre señalando la enorme cabeza de
un jabalí - Pesaba mas de doscientos kilos ¡Una bestia!

Después que me enseño todos su trofeos, aquellas cabezas disecadas, fuimos
a cenar. Mientras comíamos comenzó a llover. El salón en donde estábamos
era grande, tenía unos amplios ventanales, y como sus largas cortinas estaban
abiertas, se veía a la lluvia resbalar por sus cristales.
Mas tarde me llevaron hasta la habitación en donde iba dormir.
Fuera la lluvia seguía cayendo intensamente, acompañada por algunos relámpagos
y truenos.

En la habitación había un enorme ropero antiguo, a un costado de la cama ´
una mesita con una lámpara, y frente a la cama había un gran espejo.
Las almohadas eran tan altas que acostado veía mi reflejo en el espejo, en vez
de mirar hacia el techo. Dejé la luz de la lámpara encendida. Demoré en tener
sueño pero al final me dormí. Desperté no se a que hora de la madrugada, y al
mirar mi reflejo, vi que al lado de la cama, había una enorme criatura de color
negro. Era un perro, tenía pelaje abundante y enmarañado. Me estaba mirando
directamente a la cara. Lo aterrador fue que solo lo veía en el espejo, al voltear
hacia donde estaba no lo veía.

No se cuanto tiempo estuve paralizado por el terror, minutos horas, no lo se,
y todo el tiempo aquel fantasma estuvo observándome, con su hocico cerca
de mi cara. Después de ese tiempo que no puedo determinar, me levante y
cubrí el espejo con una frazada.
Cuando amaneció tenía ganas de salir huyendo de aquella casa; pero como
sus dueños me habían atendido tan bien, no pude rehusarme a desayunar
con ellos. Apenas terminamos el anfitrión de la casa trajo un álbum de fotos.
Enseguida comenzó a mostrarme las fotos de sus cacerías. En una de ellas
reconocí al enorme perro negro que me había aterrorizado durante toda la
noche. Al notar que la foto me interesó, el hombre comentó:

- Ese era mi perro ¡Y que perro que era! Cazador como pocos, y sobre todo
era un excelente guardián. Cuando teníamos huéspedes en la casa, el los
seguía a todos lados, como si los vigilara, pero no los mordía, era un perro
bueno. Lo extraño tanto que a veces tengo la impresión que aún anda
por aquí, vigilando la casa.

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