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lunes, 26 de septiembre de 2011

En la Morgue

En una morgue, dos doctores realizaban una autopsia. Uno era veterano, él otro joven.
El joven se llamaba Gonzalo, el veterano Anselmo.
El veterano cortaba aquí y allá, tiraba, arrancaba órganos; como si fuera un Carnicero
desprolijo, hastiado de su trabajo. Mientras despellejaba aquel cuerpo, hacía todo tipo
de comentarios inapropiados; cosas que suelen decirse en una cantina.

- Viste a la Enfermera nueva ¡Una ricura! ¡Un día de estos le doy una clase de anatomía!

A cada rato lanzaba una carcajada o maldecía. A Gonzalo no le gustaba nada su actitud.
Después de dudar un poco se atrevió a decírselo:

- Doctor, su actitud no me gusta para nada. Se que lo que hacemos es necesario; pero
le debemos más respeto al difunto. Lo que tenemos aquí fue una persona ¡Por Díos!
¡Usted parece un Carnicero!
- Hasta ahora nadie se ha quejado - dijo Anselmo, y acercándose a la cara del muerto
comenzó a hablarle - ¿Tiene algo que decirme? ¿No? Ya me parecía ¡Jajaja!

Gonzalo se quitó los guantes y salió de la morgue. La actitud de su compañero lo tenía
fastidiado.
- ¡Y se hace llamar Doctor! - refunfuñaba mientras caminaba por el corredor.
Cuando se calmó un poco regresó a la morgue. Allí vio aquella terrible escena.
Anselmo caminaba lentamente, gimiendo de dolor. Una herida se le abría desde el pecho
hasta el bajo vientre, y por ella escapaban sus viseras. Con sus intestinos colgando,
dio unos pasos y se desplomó, pero aún estaba vivo.

Sobre la mesa de disección estaba el muerto, tendido sobre ella, sin órganos y sin piel
en la cara; en su mano rígida sostenía un Bisturí.

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