¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

domingo, 25 de septiembre de 2011

En la soledad del Campo

Regresaba de la cosecha de naranjas. Un Camionero me arrimó hasta un lugar en
donde podía tomar un Ómnibus que me llevara a mi ciudad. Aquel lugar estaba en
medio de la nada. Hacia donde volteara veía campo; solo la carretera alteraba un poco
aquel paisaje desolado.
Cuando bajé del Camión la tarde estaba llegando a su fin. Llegó la noche y yo aún
esperaba transporte.
El cielo estaba despejado, la luz de las estrellas iluminaban débilmente.
No me inquietaba la noche ni su oscuridad. El silencio de la Pampa, del campo,
me produce un estado mental muy tranquilo, relajado; estaba acostumbrado a
acampar y dormir en la naturaleza.

El rocío comenzaba a humedecerme la cabeza y el Ómnibus aún no llegaba.
Estaba sentado sobre mi Bolso, a un lado de la carretera, cuando de pronto
distingo una silueta que avanzaba por el costado de la ruta. En la oscuridad,
por el contorno de aquella sombra, parecía que era un hombre.
Al levantarme, desvié la mirada por una fracción de segundo; en ese tiempo tan
corto la silueta desapareció. Escudriñe en la oscuridad, no lo veía.
Me preocupé un poco. Supuse que en tan corto tiempo, lo único que él tipo
podía haber hecho para desaparecer a mi vista, era tirarse hacia un costado de
la carretera y quedar acostado, oculto por el Pasto.

Habrían transcurrido segundos desde su “Desaparición” cuando nuevamente vi a
la sombra avanzando por el costado de la ruta. Lo extraño es que apareció mucho
más atrás del lugar en donde dejé de verlo, y parecía ser la misma persona, su contorno
era igual, por lo que podía distinguir.
Nuevamente desapareció, está vez lo estaba mirando fijamente, y de un momento para
el otro ya no lo veía. Entonces me di cuenta que no estaba viendo a una persona.
Estaba tan concentrado escudriñando la oscuridad, que no me di cuenta que el
Ómnibus se acercaba. Cuando noté que todo se iluminaba giré y lo vi.
Ya estaba muy cerca cuando extendí mi brazo, por suerte me vio y paró.

Cuando fui a pagar el boleto el hombre me preguntó:

- ¿Tu compañero no va a subir?
- ¿Mi compañero? - pregunté extrañado.
- Sí, el hombre que estaba a tu lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?