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martes, 6 de septiembre de 2011

Entre la niebla

Cuando aumentó la niebla, el tránsito de vehículos disminuyó, haciendo que
aquella ruta se volviera aún más atemorizante.
Gastón caminaba entre aquella densa y envolvente niebla, procurando mantenerse
en la ruta. A esa hora de la noche y con esas condiciones, la posibilidad de que
alguien lo llevara hasta la cuidad más próxima, era muy escasa. No tenía otro
remedio que seguir caminando.

Gastón iba en busca de trabajo. Cargaba sus pertenencias en una mochila, y en
la mano llevaba una linterna, para que los vehículos lo vieran.
La niebla que lo rodeaba era tan espesa, que hasta le costaba seguir la línea
blanca de la carretera. No veía nada mas allá de tres metros. La noche estaba
silenciosa, muda. Ignoraba lo que había a su alrededor, la niebla lo cubría todo.

De repente vio que algo salió de entre la niebla. Se deslizaba sin hacer el menor
Ruido, como si flotara. Era la figura de una mujer, blanca como la misma niebla.
Su holgado vestido ondulaba igual que su cabello. Se movía de forma fantasmal.
Cruzó delante de Gastón y lo miró al pasar. Sus rasgos eran borrosos y grotescos,
su boca era negra y la movía como si estuviera hablando.
Después que Gastón la vio fundirse en la niebla, desaparecer, sintió tal terror,
que comenzó a correr desesperado; pero tras unas zancadas, sintió que el
terreno bajo sus pies desaparecía, y callo al vacío.

Lo encontraron en el fondo de un barranco, durante el día. Tenía el cuello roto.
Fue otra víctima de la niebla, y de lo que se esconde en ella.

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