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martes, 20 de septiembre de 2011

Entremos a la casa embrujada

Yo, Fabián y Juan, habíamos recorrido los campos y bosques cercanos durante toda la
tarde, junto a nuestros perros.
Ya estaba bastante oscuro cuando cortamos camino por un bosque; pequeño pero
frondoso. Tan espeso era, que andando en él, era fácil olvidar, por momentos, que solo
estábamos a unas pocas cuadras de nuestros hogares.
Entre los árboles imponentes que nos rodeaban, estaba más oscuro aún. Cuando el
sendero por donde caminábamos se hizo más estrecho, y las ramas nos rozaban por
todos lados, decidimos abrirnos paso hacia un claro. En aquel claro estaba la casa
abandonada.

No recuerdo a quién se le ocurrió aquella idea; Juan y Fabián dicen que fue a mi:
Hace tantos años que no lo recuerdo. El asunto es que hicimos una apuesta; el que
se animara a entrar en la casa, se ganaba las hondas de los demás (Honda le llamamos
en Uruguay a las Tirachinas, o Gomeras).
El premio era tentador, y cuando Juan le agregó su navaja, decidí entrar.
Aquella casa era la primera que se había construido en la zona. Era alta, en el
frente tenía unos tragaluces semicirculares. Tenía el aspecto de un pequeño castillo.

Hacía muchos años que estaba abandonada. Su puerta, enorme y de madera, se
estaba cayendo a pedazos. No estaba revocada por fuera, y podía verse los enormes
ladrillos con que la habían construido.
Empujé la puerta con el pie y se abrió de par en par.
Los perros se mantenían a prudente distancia de la casa, y parecían nerviosos. Desde
esa vez aprendí a confiar en los perros y en su instinto.
Siempre llevábamos una linterna, para iluminar cuevas de animales. Con la linterna
encendida entré a la casa.

Ingresé a un salón bastante amplio y vacío. El piso estaba todo resquebrajado, y en
algunas partes faltaban baldosas. El revoque se caía a pedazos y se acumulaba contra
las paredes. Iluminé todo el salón, estaba vacío, no había muebles.
Cuando giré hacia la puerta, para salir de allí; escuché a mis espaldas un ruido a agua.
Voltee y vi la imagen más horripilante, más aterradora que se puedan imaginar.
De la nada había surgido una enorme bañera, y en ella había una muerta. Tenía la
piel gris con manchas verdosas, sus ojos eran completamente negros, sin una parte
blanca. Su cara estaba arrugada, pero no como si fuera anciana; mas bien parecía el
efecto de estar mucho tiempo sumergida. Estaba sentada en la bañera y con sus
manos chapoteaba en el agua, como si estuviera jugando.

Repentinamente abrió la boca y sacó la lengua, y lanzó un chillido agudo.
Yo estaba como clavado en el suelo, no podía moverme. Pude reaccionar cuando
vi que la muerta, sin levantarse de la bañera, se deslizaba hacia mi. Nunca voy a
olvidar la aterradora imagen de aquella bañera moviéndose con rapidez hacia mi.
Mis amigos habían huido al escuchar aquel chillido aterrador. Afuera estaba mi
perro, erizado y mostrando los dientes hacia la puerta. No se si aquella aparición
o lo que fuera salió de la casa, no miré hacia atrás.

Aquel fantasma aparentemente desapareció junto con la casa, cuando la demolieron
años después. También talaron el bosque. Actualmente hay viviendas en toda esa zona, y
una está exactamente en el mismo lugar que la antigua casa. Ahora está desocupada, y
en el frente vi un cartel que dice: Se vende. Lo comento por si alguien está interesado…

2 comentarios:

  1. measusto mucho.ahora noboy a poder dormir

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  2. ¡QUE MiiEDO!
    ¡NAMMAS DE iiMAjiiNARME, CASii ME MEÕ! :S

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