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domingo, 18 de septiembre de 2011

La próxima luna llena

Fue en el mes de febrero. Los días transcurrían calurosos. Él sol atravesaba todo
él cielo sin una nube que lo bloqueara. Los pastos resecos del campo crujían ante
el mínimo soplo de viento, y multiplicado miles de veces, aquel sonido a pampa
reseca se paseaba por aquel vasto paisaje.

Siempre que podía, Miguel iba hasta el arroyo, a refrescarse en sus aguas claras.
Cruzaba por el campo, espantando a su paso a cientos de pequeñas langostas que
saltaban y volaban en todas direcciones. Luego entraba al monte por un sendero
angosto y serpenteante. Al final del sendero estaba la orilla del arroyo, sembrada
de piedras arredondeadas por el tiempo y el agua.

El arroyo estaba plagado de pececillos plateados, nadando de un lado a otro
en cardúmenes inquietos.
Ese día Miguel estuvo nadando hasta que él sol se ocultó en el horizonte.
Una luna llena, amarilla y grande, ya se elevaba por encima del monte; por lo
que el paisaje se oscureció muy poco.
Conciente de que ya era tarde, se apuró en cruzar el sendero del monte.
A pocos metros del campo, vio a un animal grande pasar al trote frente al sendero.

Era muy grande para ser un perro, y tampoco era un ternero. Era algo más.
Corría de forma diferente, sus patas traseras eran más largas que las delanteras.
Miguel paró de caminar, como detenido por una pared. La extraña apariencia de
aquel ser le había causado un terror súbito, que paralizó sus piernas.
La criatura también se detuvo y volteo hacia él, luego avanzó agazapado.
Unos pocos pasos y la criatura estaba a su lado, olfateándolo.

Después de dar una vuelta alrededor de Miguel, la criatura se marchó.
Extrañamente su miedo había desaparecido. Había encontrado algo familiar
en aquella criatura. Era un conocimiento que escapaba a la razón; pero era
muy claro, como un instinto, podía sentirlo.
Cuando llegó a su casa su madre preparaba la cena.

- ¿Dónde está Papá? - le preguntó Miguel.
- Tuvo que salir. Mañana vuelve.
- Lo vi Mamá. Papá es un hombre lobo. Lo vi en el campo.

Su madre dejó lo que estaba haciendo, después de unos segundos de silencio habló:

- Bueno, ya era hora de que te dieras cuenta. Dentro de poco a vos también te
va a pasar lo mismo, probablemente en la próxima luna llena.

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