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jueves, 29 de septiembre de 2011

La Vieja Bruja

Jugábamos al fútbol en un terreno baldío. La luz de la calle iluminaba bastante bien
el lugar, por lo que la puesta del Sol no impidió que siguiera el partido.
Al lado de la “Cancha” había un muro, detrás de el estaba la casa de la Bruja.
No era una Bruja, nosotros le decíamos así; todo el barrio le decía así. Era por su
apariencia, y su carácter no la salvaba de aquel apodo: Solo le faltaba volar en una Escoba.
Cuando por accidente la pelota calló del otro lado del muro, en el terreno de la Bruja, nos
agarramos la cabeza. En esa época las pelotas de cuero eran caras. El dueño enseguida
comenzó a llorar.

- ¡Mi pelota…!

Nos mirábamos unos a otros. Nadie quería volver a jugar con pelotas de plástico.

- Voy a ver en donde calló - dijo uno de los niños - Háganme pie.
Entre dos lo elevamos y miró por encima del muro. Cuando se bajó nos informó:

- No vi a la pelota. La Bruja está durmiendo, la vi por la ventana, está acostada en la
Cama la vieja esa. Si alguien se anima a entrar puede buscar la pelota, la vieja esta
durmiendo; está panza arriba.

“¡Yo ni loco!” exclamaron algunos, otros comenzaron a retirarse con una excusa:
“Me estaban llamando, me voy” “A mi me van a comprar una dentro de poco”
“Yo la buscaría pero me torcí el pie”.
Al final quedamos sólo tres. El dueño de la pelota se había sentado a lloriquear.

- Háganme pie - les dije - Si la vieja sigue durmiendo busco la pelota.
Apoyé los brazos en el borde del muro. Efectivamente se veía a la vieja sobre la Cama.
Tenía la boca abierta en un gesto muy extraño. Noté que sus ojos no estaban cerrados,
y un grupo de moscas le caminaban por la cara; entraban por su boca y caminaban sobre
sus ojos: Estaba muerta.
Voltee hacia mis compinches, miré para bajo - ¡La vieja está muerta! - les dije. Cuando
volví a mirar, la Bruja, su fantasma, estaba justo frente a mí cara, a escasos centímetros, mirándome directamente a lo ojos.

Amortiguó mi caída una planta de abrojos. Los otros también la vieron. No nos daban
las piernas para alejarnos de allí.
Como no nos atrevimos a contar lo sucedido a nuestros padres, y la vieja vivía sola;
encontraron su cuerpo unos días después, cuando el hedor del cadáver alertó a la gente
de la zona.

1 comentario:

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