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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Monstruos

Hace mucho tiempo, una comunidad rural fue diezmada por los ataques de un
emisario de la muerte.
Al caer la noche los corazones de aquellas personas se llenaban de terror.
Algo asechaba en los senderos. La noche era su cómplice. Apenas caía él Sol
la gente se encerraba en sus casas; pero las muertes igual seguían aumentando.
Algunos encendían hogueras frente a sus casas, con la esperanza de ahuyentar
al monstruo. En las noches, se veía por aquí y por allá el resplandor de las hogueras,
mas eso tampoco detuvo los ataques.

Por el estado en que se encontraba a las víctimas, pálidas y con manchas de
sangre ensuciando sus ropas, se creía que el culpable era un vampiro.
La desconfianza y la histeria se adueñaron de las mentes de aquellos campesinos.
Todos andaban armados, mirando sobre su hombro, desconfiando de sus vecinos.
Inevitablemente aquella gente temerosa se terminó reuniendo. Sus mentes
exaltadas proponían a gritos todo tipo de soluciones disparatadas. Luego
comenzaron a nombrar sospechosos.

Convencidos de haberlo encontrado, partieron hacia la casa de una mujer solitaria
y taciturna, una viuda algo trastornada. Para ellos su conducta era prueba suficiente
de que era una vampira. Llegaron a su casa al caer la tarde. La sacaron a la fuerza
de su vivienda, entre gritos e insultos. Estaban por lincharla cuando se escuchó una
voz de alto, y alguien se abrió paso entre aquella gente iracunda.

- ¡Deténganse! ¡En nombre de Dios! ¿Qué hacen? ¡Apártense, suéltenla!

Era el cura de la capilla. Algunos dudaron; pero ante la actitud enérgica y decidida
del Sacerdote, terminaron soltando a la mujer.

- ¡Que estos tiempos difíciles no nos conviertan en monstruos! - exclamó el cura,
dirigiéndose a todos - ¡Por favor! Atacar a una mujer indefensa…

Uno de los presentes se atrevió a desafiar la autoridad de aquel hombre de paz:

- ¡Y usted! ¿Qué ha hecho por nosotros? ¡Nada! Usted llegó a la zona cuando
empezaron las muertes. Usted vio lo que estamos sufriendo ¡Y no ha hecho nada!
- Mi misión es dar esperanza, no soluciones - contestó el cura.

De repente alguien gritó entre la multitud:

- Es cierto, el llegó cuando empezaron los ataques ¿A alguien más le párese
mucha coincidencia?
- ¡Tiene razón! Es mucha coincidencia - gritó otra persona.

Nuevamente aquella multitud se convenció que habían encontrado al culpable.
Como fieras rabiosas, lincharon y quemaron al cura entre alaridos de locura e
insultos. Su cuerpo envuelto en llamas se retorcía en su agonía.
Después de aquel hecho horrible las muertes continuaron. Era una plaga lo que
azotaba aquella zona. En realidad no había un monstruo, había muchos.

4 comentarios:

  1. Bueno...me quedé pensando...¿había muchos? ... me gustaría que hagas la segunda parte de este relato, porque me quedé con ganas de saber quiénes eran los monstruos y qué hacían, cómo eran y todo eso. Muy bueno.

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  2. No hay segunda parte, ese es el final. Me gusta escribir finales así para que él lector quede pensando. No había muchos monstruos, en realidad no había ninguno. ¡Saludos!

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  3. Hola! mi nombre es Macarena y te quería decir que me encantó la historia. Soy estudiante en un profesorado de primaria y actualmente, me encuentro preparando una secuencia para prácticas del lenguaje. Quería consultarte si podía utilizar tu cuento en la secuencia, voy a citar la fuente y al autor. Espero tu respuesta, saludos :)

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  4. Hola. Gracias. Sí, úsalo nomás Macarena. Ojalá te sirva. Saludos y suerte con tus estudios.

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