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sábado, 17 de septiembre de 2011

Ruidos en la noche

Roberto se levantó sigilosamente para no despertar a Andrea, su esposa.
En la oscuridad, se calzó las pantuflas y fue hasta el cajón en donde guardaba
su revolver. Alcanzó a distinguir la hora en el reloj de pared, eran las tres y media
de la madrugada. Abrió la puerta con extremo cuidado y salió de la habitación.

Estaba seguro que alguien había ingresado en la casa, escuchó con claridad el
sonido de unos pasos. No quería despertar a Andrea porque ella era muy
asustadiza, y seguramente iba a entrar en pánico.
La casa era grande y tenía dos plantas. Roberto caminaba sigilosamente, con el
revólver martillado, esperando toparse en cualquier momento con un intruso.
Una a una fue revisando las habitaciones. Cada vez que abría una puerta el corazón
le latía mas rápido.

Todas las luces estaban apagadas; pero como la casa tenía muchas ventanas grandes,
Roberto podía caminar sin tropezar con los muebles. Bajó por la escalera y revisó
la planta baja.
Al no encontrar al intruso comenzó a dudar de si realmente había escuchado pasos
o estaba soñando. Volvió a su cuarto y con mucho cuidado se acostó.
Estaba con los ojos bien abiertos cuando volvió a escuchar ruidos, esta vez venían
de muy cerca, alguien estaba dentro del ropero, se oía una respiración ronca y
entrecortada.

Roberto saltó de la cama y nuevamente buscó su revólver, encendió la luz y
abrió el ropero de un tirón.
Adentro estaba Andrea, tenía la garganta cortada pero aún respiraba.
Junto con el terror que sintió súbitamente, por la mente de Roberto cruzó un
Pensamiento “Si Andrea está acá, entonces es él asesino quien está en la cama”
Antes de poder voltearse una mano le cubrió la cara y lo hizo inclinarse hacia
atrás, seguidamente sintió el filo de un cuchillo deslizándose por su garganta.

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