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domingo, 9 de octubre de 2011

Bajo la cama

Mario abrió un Portón de rejas y atravesó un jardín vetusto, lleno de enredaderas.
Detrás del jardín estaba la casa; una vieja edificación renegrida por el tiempo, y tan
descuidada como el jardín. Algunas grietas recorrían todo el largo de su fachada.
Mario golpeó la puerta; una mujer de mediana edad salió a recibirlo.

- ¡Buenas tardes! Soy Mario, ustedes llamaron a un Electricista…
- ¡Sí, lo estábamos esperando! Es la luz de uno de los cuartos, no anda. Pase por aquí.

Mario la siguió. Cruzaron por un salón en donde había siete ancianos: Dos de ellos
estaban sentados en un sofá, una señora caminaba lentamente, con la ayuda de un bastón;
otro miraba por la ventana, un matrimonio conversaba bajo, y un anciano estaba sentado
en una silla, con la mirada lánguida fija en un lugar cualquiera.
Aquella casa era un hogar de ancianos. Mario saludó al pasar, sólo la pareja le respondió;
los otros estaban sumergidos en sus recuerdos y añoranzas.

- Aquí está el cuarto - le dijo la mujer, la cual era Dueña del Ancianato. Enseguida la
mujer se retiró, se fue a otra parte de la casa.

Lo primero que sintió Mario fue un olor penetrante, después notó que el cuarto estaba
muy frío, eso le pareció algo extraño; la piel se le erizó enseguida.
En el cuarto había un armario, una cama y una mesita con una veladora.
Como la persiana estaba cerrada, el cuarto estaba bastante oscuro. Encendió su linterna
y comenzó a buscar el problema.
Revisó la llave. Estaba todo bien, la luz encendía. Miraba hacia la lámpara cuando escuchó
una voz y la luz se apagó.

- ¡La muerte viene por mi! ¡Pero no me va a encontrar! - dijo la voz.

Mario se arrinconó contra la puerta. Algo que estaba bajo la cama se había asomado
parcialmente. Enfocó la linterna hacia aquel bulto que se movía.
Era el torso de una anciana, la anciana lo miró por unos segundos, después se metió
completamente bajo la cama.
El corazón se le aceleró tanto, debido al terror que sintió, que creyó que se iba a
desmayar. Cuando recuperó un poco el aliento se agachó y miró bajo la cama; la
anciana ya no estaba; había visto un fantasma.

Mario fue hasta el salón en donde estaban los demás, allí estaba la Dueña del lugar.

- ¿Puro repararlo, ahora funciona? - le preguntó la mujer.
- Sí, funciona…lo arreglé.
La anciana que caminaba con bastón se dirigió a ellos:

- La luz andaba bien. Es María la que la apaga - la anciana se acercó a Mario.
- Ella es un fantasma - le susurró al oído. La dueña hizo un gesto indicando que la
anciana estaba loca.

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