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viernes, 7 de octubre de 2011

El camino del viñedo

Una amiga me había invitado a cenar en su Casa. Ella vivía con sus padres y sus tres
hermanos. Durante la cena sus hermanos no me sacaron la vista de encima; los tres
estaban serios, con cara de pocos amigos, supongo que creían que les correspondía
oficiar de “Guardianes” de su hermanita.
Sus padres, un poco menos hostiles, conversaron bastante y hasta rieron con mis
ocurrencias y anécdotas.

La Casa estaba rodeada por viñedos. Un camino de unos diez metros de ancho, se
habría paso entre las vides hasta llegar a una calle rural; el camino tendría unos
doscientos cincuenta metros de largo.
Después de una sobremesa corta, sus padres comenzaron a bostezar; enseguida
entendí el mensaje. Me levanté y les dije:

- Estuvo muy rica la comida. Tengo que caminar bastante, así que mejor me voy ahora.

Cuando me marché toda la familia salió al frente de la Casa.

- Papá, si me prestas el Auto lo arrimo hasta su Casa - dijo mi amiga.
- La noche está lindísima, seguro que él quiere irse a pie ¿Verdad? - le contestó el Padre
y me miró.
- Sí, la noche está linda, me voy a pie. ¡Que pasen bien!

El camino que cortaba el viñedo no era recto; no me había alejado mucho cuando
dejé de ver la casa. La noche era clara, había Luna llena. Soplaba algo de viento y
las vides se agitaban y producían un rumor muy particular, como si sus hojas fueran
de papel.
Como por la mitad del camino, comencé a escuchar un silbido, alguien silbaba una
canción. Las vides tenían hojas sólo en su parte superior; creí que si me agachaba
vería las piernas del silbador, el sonido venía de cerca. Sólo vi los delgados y retorcidos
troncos de las vides, y las estacas que las sujetan. Aquel sonido venía desde el lado
derecho del camino, y de un instante a otro venía del lado izquierdo.

El silbido era extraño, reverberaba como si el silbador estuviera en un lugar cerrado y
con buena acústica, no en medio de un viñedo.
Estaba por echarme a correr cuando vi las luces del Auto; mi amiga se había impuesto
a su Padre y había tomado el Auto. Cuando subí ya no escuchaba el silbido.
Ya íbamos por la calle, cuando ella, al notarme muy callado, me preguntó:

- ¿Escuchaste o viste algo raro cuando ibas por el camino?
- Escuché un silbido que me heló la sangre en las venas, todavía estoy temblando.
- ¡Ay perdón! No te había dicho nada porque no me ibas a creer. Mi familia no me
cree, no se porqué, sé que también ellos han escuchado ese silbido, pero dicen que
me lo imagino. Suena igual a lo que silbaba un tipo que murió en el viñedo.
- ¿Un tipo murió en el viñedo? - le pregunte.
- Sí, el trabajo un tiempo allí. A mi no me gustaba mucho, siempre me miraba.
- ¿Y tu familia notó que el tipo te miraba?
- Supongo que si.
- Y un día apareció muerto en el viñedo - le dije.
- ¿Qué quieres decir con eso? No estarás insinuando que mi familia…
- ¡No, no, claro que no!

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