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miércoles, 5 de octubre de 2011

El Infierno de Javier

Javier regresaba de una fiesta. Cuando bajó del Taxi miró su reloj; eran las cuatro
de la madrugada. Al tantear el bolsillo en donde guardaba las llaves de su Casa,
levantó la vista hacia una de las ventanas del segundo piso, y, por una fracción de
segundo, vio que algo cruzaba delante de la ventana.
Como dentro de su Casa estaba oscuro, y lo que vio fue tan fugaz, pensó que
probablemente su vista lo había engañado; además había bebido bastante.
Por las dudas, apenas entró fue directo a su oficina, donde guardaba un Revólver.

Terminaba de serrar el cajón en donde tenía el arma, cuando escuchó pasos que
se acercaban por el corredor; los pasos sonaban lentos y pesados. Se detuvieron
frente a la puerta de la oficina. La perilla de la puerta comenzó a girar
lentamente, a Javier le temblaban las manos mientras apuntaba.
La puerta se abrió un poco, entonces asomó una cabeza que parecía salida de una
pesadilla: Tenía unas orejas enormes y flácidas, los ojos saltones y blancos, su
nariz eran dos agujeros enormes por donde chorreaban líquidos amarillentos, y
su boca, un abismo negro lleno de dientes retorcidos y sanguinolentos.

En un instante, Javier pasó de estar en su oficina, gritando de miedo y disparándole
a la criatura, a estar nuevamente en el Taxi, el cual se había detenido frente a su Casa.
“¡P…a pesadilla!” pensó Javier mientras se bajaba del Taxi. Cuando fue a sacar sus
llaves, miró hacia la ventana del segundo piso.

- Aquí tiene su cambio - dijo el taxista. Javier volteó hacia el Taxi.
- Quédese con el…¡Oh! ¡No puede ser! - dentro del Auto estaba el monstruo de su
pesadilla. Javier corrió rumbo a la puerta, pero paró en seco antes de llegar a ella;
en el umbral estaba nuevamente el mismo monstruo, esta vez vestido como una
mujer. - ¡Amor, ya estaba preocupada, te estaba esperando…¡Jajajaja! - dijo el
monstruo, y al reír abría tanto su descomunal boca, que la parte superior de su
cabeza caía hacia atrás.

Una alarma alertó al Enfermero que vigilaba los monitores.

- Este paciente tiene el ritmo cardíaco muy elevado - observó el Enfermero.
- Sí, un poco, pero está dentro de lo normal - repuso el otro Enfermero que estaba en
la habitación. Los dos monitoreaban los signos vitales de Javier y de otros pacientes
comatosos.
- ¿Usted cree que sueñan, que pueden tener pesadillas? - preguntó el primero.
- Espero que no. Debe ser horrible tener pesadillas y no poder despertarse.

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