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jueves, 27 de octubre de 2011

El trato

Una nube oscura, la única que se veía en el cielo, ensombreció la casa de los López y sus
alrededores más próximos.
Sobre el bosque de pinos que estaba a unos cien metros, del otro lado de la vía del tren,
brillaba el sol; también sobre los campos más lejanos.
Ester, fuera de la casa, lavaba ropa a mano. Levantó la vista hacia la nube, y pensó que si llovía
sólo allí , sus vecinos los iban a envidiar más; pues a pesar de la seca, sus cultivos estaban bien
verdes. Al escuchar el cacareo de una gallina, miró hacia el patio. Leonardo, su hijo más
pequeño, de dos años, sostenía una gallina por el pescuezo, y la estaba matando.

- ¡Leonardo! ¿¡Qué estas haciendo!? ¡Ya te dije que no seas malo con los animales!

La soltó y la gallina cayó al suelo, pataleó un poco más y quedó muerta.
Ester lo levantó en sus brazos, el niño comenzó a llorar.

- Está bien chiquito - le dijo Ester - No te voy a gritar más. Mamá no está enojada, pero ya
te había dicho que no lastimes a los animalitos ¿Verdad?
- Sí mami, no lo hago más.

Después de eso Ester siguió lavando, a la vez que vigilaba a su hijo menor; los otros dos
estaban en la escuela. Miraba a Leonardo jugar en el patio, cuando vio que sobre la vía
del tren había un hombre, mirando de frente hacia la casa.
Como estaba bastante lejos, creyó que el hombre tenía un sombrero o alguna cosa sobre
la cabeza. Al fijar mejor la vista, se dio cuenta que estaba viendo a un Demonio.

- ¡Andrés! - gritó Ester aterrada, su marido estaba dentro de la casa.

Ester sólo desvió la mirada un instante, hacia Andrés que salía de la casa apresuradamente.
Ese instante bastó para que el Demonio desapareciera, y junto con él Leonardo.

- ¡Mi hijo! ¿Dónde está mi hijo? ¡El diablo se lo llevó! - comenzó a gritar Ester.
- No podemos hacer nada. Tienes que tranquilizarte - le dijo Andrés.
- ¿Qué? ¡Te digo que el Diablo se llevó a nuestro hijo! ¡Leonardo!

Ester intentó correr hacia la vía pero Andrés se lo impidió.

- Ya lo sé, pero no podemos hacer nada, era parte del trato - Ester lo miró extrañada y confundida.
- ¿Qué estás diciendo? ¿Qué trato?

Andrés quedó callado y miró hacia un costado, Ester lo sujetó de la solapa.

- ¿Qué trato? ¿Qué hiciste, que hiciste?
- La cosecha se iba a arruinar…estaba desesperado, fue por ustedes, fue por ustedes…yo.
- ¡Vendiste tu hijo al Diablo! - gritó Ester con todas sus fuerzas, y comenzó a golpear el pecho
de su marido.
- ¡No, no! ¡No vendí a mi hijo! Leonardo no es mi hijo…es hijo de él…

Al escuchar aquello Ester cayó desmayada, no pudo soportar el terror que sentía.
De repente todas las gallinas murieron, y se escuchó la carcajada de un niño pequeño.

- ¡Que hice! - gritó Andrés y se hincó en el suelo.

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