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jueves, 13 de octubre de 2011

Escribiendo un cuento de terror

Hace poco, me uní a un pequeño grupo de escritores noveles, principiantes, aunque todos
tienen más experiencia que yo. En el grupo somos tres hombres y cuatro mujeres.
Mediante mensajes de texto, acordamos reunirnos en la casa de uno de los integrantes.´
Una tormenta amenazó durante todo el día; se desató una media hora antes de la reunión,
que era a las nueve de la noche.
En los pocos metros que recorrí desde el taxi hasta la casa, casi me empapo totalmente.
Los demás ya habían llegado. Franco, el dueño de la casa (una construcción tipo “Chalet”
similar a un pequeño castillo) me recibió y lo seguí por un par de salones y un corredor.

Finalmente llegamos a la habitación en donde estaban los demás. Era amplia, justo
a la mitad tenía una gran chimenea, y esa noche estaba encendida. Unos leños enormes
chisporroteaban mientras se consumían lentamente, y la luz que producían se desparramaba
por casi toda la habitación. Aparte de aquella luz, sólo había un par de velas iluminando
de forma peculiar los rostros de mis compañeros, que estaban sentados en torno a la mesa
en donde estaban las velas. Saludé y me senté. En la mesa también había un montón de
cuadernos y un par de termos con café. Rosario, una de las muchachas, me sirvió una taza.

Lo de no encender la luz eléctrica me pareció una exageración, pero no lo comenté.
La reunión era para escribir, entre todos, un cuento de terror. Para mí, el aspecto, lo
grande de aquella casona, y la tormenta que rugía afuera, eran más que suficientes para
inspirarnos. El viento hacía que unas ramas delgadas azotaran a la única ventana que
había en la habitación, y a veces sonaba como si alguien arañara los vidrios.

- Vamos a comenzar - dijo Franco - ¿Elegimos un tema o tiramos ideas hasta que nos
guste alguna?
- Elegimos un tema - le contestó Fabiana, otra de las muchachas, y continuó - A mí
me gustaría, yo propongo, escribir sobre…

La interrumpió un ruido fuerte que escuchamos, venía desde otra habitación; sonó
como si objetos metálicos chocaran entre si. Todos volteamos hacia Franco.

- ¿Y eso? ¿Hay alguien más en la casa? - le pregunté.
- No, tal vez fue el Gato - me contestó Franco.
- El Gato está aquí, recién me rozó - dijo una de las muchachas, no distinguí cual, en
ése momento miraba hacia la puerta. Miramos bajo la mesa y allí estaba el Gato.
- Vamos a ver que anda ahí - invité a Franco.
- No vale la pena, ahí está la cocina, seguramente fue una Rata.
- ¡Ratas! - exclamó Rosario.
- A veces andan, como la casa es muy grande…

Por un rato estuvimos expectantes, escuchando; después seguimos con lo nuestro.
La luz de la chimenea comenzó a disminuir, los leños estaban rojos. Las velas chorreaban
cera, y sus llamas bailoteaban para todos lados. Fuera seguía la lluvia, arreciando contra
los muros de la casa.
Por momentos nadie hablaba, cada tanto alguien rompía el silencio con alguna idea.
Fue en uno de esos momentos de silencio, cuando de repente una de las muchachas gritó.
Vi que señaló rumbo a un rincón; en los extremos de la habitación apenas llegaba
algo de luz. Cuando miramos hacia donde señalaba, vimos a una silueta, una sombra,
caminando entre aquella penumbra, andaba con paso solemne, lentamente.

No sé si sólo las mujeres gritaron, hubo un gran griterío. Vi que Franco corrió hacia el
interruptor de la luz; yo tomé mi silla y la levanté para arrojársela a la sombra. Antes de que
la tirara se encendió la luz, y la sombra desapareció.
Siempre creí que si me cruzaba con algún hecho sobrenatural, actuaría de otra forma; pero
sólo atiné, al igual que los otros, a salir lo más rápido que pude de aquella casa, incluso
Franco se retiró de allí junto con nosotros y su Gato, y pasó la noche no sé donde

Por si se preguntan qué pasó con el cuento de terror; el cuento es éste…

1 comentario:

  1. me encanto mucho, miedo pero igual esta muy bonito

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