¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

martes, 11 de octubre de 2011

Frente a un cementerio

Regresaba de una corta excursión a un pueblo turístico. Ya estaba de noche y transitábamos
por un camino desolado, cuando el ómnibus en el que íbamos se descompuso.
Había recorrido aquel camino muchas veces y lo conocía bien. Al mirar por la ventanilla me
di cuenta en donde estábamos. La noche estaba clara, reconocí al enorme eucalipto que está
justo frente a un viejo cementerio.
Mientras el Chofer y su ayudante intentaban reparar el ómnibus, la mayoría nos bajamos.

- ¿Qué hay ahí atrás? - escuché que un niño le preguntaba a su Madre, y señalaba el muro
del cementerio. Era la única construcción que había por allí, lo demás era todo campo.
- No sé, una casa supongo - le contestó la Madre.
- Lo que hay ahí es un cementerio abandonado - dijo un Señor de repente.
- ¡Un cementerio! ¡Ay que miedo! - exclamó una muchacha.
- ¡Si por aquí no hay ningún pueblo! - dijo un hombre que recién terminaba de empinar una
botella, que seguramente tenía algo más fuerte que un refresco. El hombre continuó:
- ¡Un cementerio en medio de la nada! ¡Jaja! ¿A quién se le ocurrió semejante…?
- ¡Ey! - lo interrumpió el mismo Señor que había dicho que el lugar era un cementerio
- ¡Tenga más respeto! Estamos frente a un Campo Santo.

Vi que el tipo de la botella se agachó y levantó una piedra, después avanzó unos pasos y la
arrojó por encima del muro. Lo que siguió fue algo aterrador.
Inmediatamente comenzó a caer una lluvia de piedras, alcancé a ver que las arrojaban desde
el cementerio. La mayoría chocó contra el ómnibus, otras cayeron en el camino. A mi no me
dio ninguna, pero otros no fueron tan afortunados y resultaron lesionados.
Hasta la gente que estaba adentro comenzó a gritar, aunque no sabían que pasaba; algunos
entraron, otros nos refugiamos tras el ómnibus.
Aquello sólo duró un instante, y por suerte él Chofer ya había solucionado el problema y
nos marchamos de allí.

Paramos en un pueblo, frente a un Destacamento Policial, él Chofer iba a hacer la denuncia.
Cuando bajamos se dio cuenta que había un pasajero menos, faltaba el hombre que arrojó
la piedra, el de la botella. Al mirar a los demás noté que faltaba alguien más; el Señor Mayor
que le reclamó más respeto al tipo de la botella tampoco estaba. Según él Chofer no faltaba
nadie más, y también aseguró que en el ómnibus no iba ningún Señor Mayor.
Casi todos habían visto a aquel Señor, pero nadie recordaba verlo en el ómnibus, solo había
“Aparecido” frente al cementerio.
Al de la botella lo encontraron muerto; pero no estaba en el camino, estaba en el cementerio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?