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martes, 18 de octubre de 2011

Mi doble fantasma

Ese verano, fue sin dudas el más caluroso que he vivido. Amanecía con un horizonte
rojizo, por el polvo que se levantaba de la tierra reseca; el resto del día el cielo estaba
despejado, y el sol quemaba desde la mañana hasta el ocaso.
En esa época vivía en una zona rural. Mi familia tenía un caballo, pero como casi
siempre lo utilizaban mis hermanos, la mayoría de los días iba a la escuela a pie.
Recuerdo que aquel día, cuando salí de la escuela, a la una de la tarde, el sol estaba
insoportable. Tenía por delante una caminata de cinco kilómetros, por un camino
de tierra rodeado por campo, sin una sombra en donde descansar.

No soplaba ni una brisa, el campo estaba inmóvil; el amarillo del sol parecía teñir
a los pastos, al camino, hasta las piedras estaban amarillentas de luz.
Por el camino siempre veía animales, pero ése día no, sólo yo caminaba por aquella
tierra ardiente. Voltee varias veces con la esperanza de ver el vehículo de algún
conocido, para que me llevara; o de algún desconocido que se apiadara de mí.
Comencé a sentir los latidos de mi corazón punzándome en las sienes, y mi paso
se hizo más lento.
Al cruzar frente al campo de una familia conocida, vi al viejo González, estaba
parado entre las plantas de papa, a unos veinte metros del camino. Cuando levanté
mi brazo y lo saludé no me respondió, sólo se quedó mirándome.

- ¡Don! - le grité - Me da un vaso de agua. ¡Este sol está bravísimo!

Nuevamente no me respondió, pero vi que miró rumbo a su casa, yo lo tomé como
un sí; en el campo nadie te niega un poco de agua, y menos a un conocido.
Su casa estaba a unos cincuenta metros del camino. Golpee la puerta y me atendió
la esposa de González.

- ¡Hola Doña! Me da un vaso de agua.
- ¡Hola! Claro, entra que te sirvo. ¡Pobrecito! Con este sol…

Me hizo pasar y que tomara asiento en la sala. Ya había comenzado a dolerme la
cabeza, y de sentir calor, pasé a sentir frío; me había insolado.
Mientras tomaba el agua la esposa de González me comentó:

- Hoy mi esposo amaneció mal. Llamé a un doctor, ya está por venir. Si quieres
pasa a saludarlo, seguro que le va a gustar verte, está en la cama pero está despierto.

Lo que dijo me confundió. Como iba a estar mal y en cama si acababa de verlo parado
bajo el sol, como si nada. La cara del viejo era inconfundible: Tenía una nariz aplanada y
un bigote enorme, y la piel media colorada de trabajar en la intemperie, además lo conocía
desde que tengo memoria, y lo veía casi todos los días.
A pesar de que me dolía la cabeza, sentí gran curiosidad, y seguí a la Doña hasta el cuarto
donde supuestamente estaba el viejo. Me sorprendí cuando lo vi en la cama. Estaba tan
mal que ni hablar pudo, sólo levantó la mano y sonrió bajo su bigote.
La Señora González no se dio cuenta de que yo estaba insolado; seguramente estaba muy
preocupada por su esposo como para notarlo.

Al salir nuevamente al sol, miré rumbo a la plantación de papas, el doble del viejo, su
“Doppelgänger” estaba parado en el mismo lugar, mirándome. Desvié la mirada y seguí
caminando. Cuando alcancé el camino lo miré nuevamente, y vi que no estaba solo; junto
a él estaba mi doble, mi propio “Doppelgänger” mirándome y sonriendo de forma malévola.
No tengo palabras para describir el terror que sentí al ver a mi doble fantasma.
Eso fue lo último que recuerdo con claridad de ese día. El Doctor que fue a atender al
viejo González, me encontró tirado en el camino.
Demoré días en recuperarme de aquella insolación. Varios años después mis padres se
atrevieron a decirme que estuve al borde de la muerte, de alguna forma ya lo sabía.
Los “Doppelgänger” suelen aparecer como presagio de muerte, González murió
ese mismo día.

4 comentarios:

  1. Muy bueno. La sensación de "algo no está bien por aquí" se siente ya desde el principio del cuento, y la explicación final la refuerza. Así el cuento no está jugado a que el horror se descubra recién con la última frase.

    Y de pronto tengo ganas de tomar una bebida fresca :-D (es que el sol, incluso ficticio, me marea).

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  2. Gracias por el comentario Gissel.
    Y eso que lo escribi un día nublado y con lluvia jaja!
    ¡Saludos!

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  3. Me parece una historia...INCREIBLE!!!!!!. Me ha encantado.

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