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viernes, 21 de octubre de 2011

Monstruos en halloween

En una zona residencial, en la noche de halloween, las calles estaban llenas de niños.
En grupos grandes y pequeños, junto a sus padres o hermanos mayores, los niños,
vestidos con motivos de terror, llegaban de casa en casa pidiendo golosinas.
Eddy caminaba por una de esas calles. Al verlo, algunos niños se asustaban.

- ¡Soy un vampiro! - les decía Eddy para asustarlos más, y agitaba la capa negra que
llevaba sobre los hombros como si fueran alas.

Entre la multitud, vio a un niño pequeño caminando solo. Estaba disfrazado tan sólo con
una tela que le cubría toda la cabeza, una capucha; que se notaba que el mismo había pintado
con un color rojo, en un intento por hacerla terrorífica. Al verlo con tan humilde disfraz,
algunos niños se burlaron de él, Eddy lo vio todo desde el otro lado de la calle.
Se acercó al pequeño encapuchado y lo saludó:

- ¡Hola!
- Hola.
- ¿Quieres salir conmigo a pedir golosinas? - le preguntó Eddy.
- Bueno. A mi todavía no me dieron ninguna.
- Mejor vamos hasta mi casa. Mi madre compró montones de golosinas.
- ¿Es muy lejos? - preguntó el encapuchado.
- No, es ahí a la vuelta.

Los dos salieron rumbo a la casa de Eddy. La capucha del pequeño apenas tenía dos
agujeros pequeños para los ojos.

- ¿Cómo puedes ver bien, y respirar a través de esa tela? - le preguntó Eddy.
- No veo muy bien, el aire entra por aquí abajo - el encapuchado mostró lo holgada que
era su “máscara”.
- A sí, entra por abajo el aire, pero si te incomoda mejor te la sacas - le dijo Eddy.
- No. Estoy bien, es mi disfraz.

Se apartaron de la multitud y doblaron en una calle vacía. Eddy paró frente a un portal.

- Esta es mi casa. Vamos por las golosinas.

Entraron y Eddy cerró la puerta. La casa estaba silenciosa. El encapuchado miró en derredor.

- ¿Y tus padres? - preguntó.
- No están.
- ¿Te dejan quedarte solo? ¿Y no tienes miedo?
- No - contestó Eddy.
- ¿Y cuantos años tienes?
- ¡Que preguntón! Tengo doscientos cuarenta años - le contestó Eddy.
- ¿Qué? Nadie es tan viejo, estás bromeando ¡Jaja!… - dijo el niño de la capucha, y seguidamente
se la quitó. Su rostro infantil estaba empapado en sudor. El niño respiró con más libertad.
- Estás bromeando - volvió a repetir.
- No estoy bromeando - dijo Eddy - He conocido a vampiros mucho más viejos que yo.

Eddy se le fue acercando, el niño retrocedió hasta quedar contra la pared.

- ¿Y las golosinas? - murmuró el niño, aterrado, lloriqueando.
- ¿Golosinas? ¡Jajajaja! No me gusta que se las coman, les endulza demasiado la sangre.

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