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viernes, 28 de octubre de 2011

¡Pablo!

La primera vez, Pablo creyó que lo había llamado uno de sus padres. Se levantó y comenzó a vestirse. Mientras se abotonaba la camisa del colegio, se dio cuenta que aún estaba de noche. Fue hasta la puerta del cuarto de sus padres y golpeó.

-¡Mamá! ¡Papá! ¿Por qué me llamaron tan temprano? -les gritó.
-¿Qué? -preguntó su padre desde el cuarto.
-Es Pablo -dijo su madre-. Dice que lo despertamos.
-Nosotros no te llamamos. Estabas soñando, acuéstate de nuevo -le contestó su padre.

Había escuchado con tanta claridad que alguien lo llamaba, que después de acostarse no pudo volver a dormirse; sabía que no estaba soñando. Unos días después, mientras dormía, nuevamente escuchó una voz que le llamaba: ¡Pablo!
Se sentó en la cama y buscó con la mirada. A pesar de que el cuarto estaba oscuro, como era pequeño y estaba pintado de un color claro, pudo ver que estaba solo.
No se lo comentó a sus padres, lo habló con una compañera del colegio. Ella siempre hablaba sobre temas paranormales, y le decía a todos que su madre era psíquica, sin importarle que se burlaran. “Cuando les pase algo van a creer” solía decir la niña.

-Tienes que poner frente a tu cama un espejo grande, donde puedas verte mientras estás acostado -le aconsejó su compañera cuando Pablo le contó aquello. Estaban en el patio del colegio, sentados en un banco.
-Ah, ¿Y eso para qué sirve? -le preguntó Pablo.
-Si es algo que no puedes ver a simple vista, dice mi madre, lo vas a ver en el espejo.
-¿Y si es algo feo?
-Si es algo feo te vas a morir del susto…¡no, mentira! Las cosas feas no sólo te andan despertando, dice mi madre -le contestó su compañera.

Alegando otras razones, Pablo hizo que sus padres le compraran un espejo grande.
Comenzó a dormir con la luz encendida. Unos días después, durante la madrugada, nuevamente escuchó la voz: ¡Pablo!
Abrió los ojos y miró al espejo. Algo estaba a su lado, inclinado sobre la cama: Tenía el pelo blanco y largo, y la cara llena de huecos negros, lo poco que tenía de piel era gris y arrugada, y no tenía ojos.
Pablo intentó gritar. Al abrir la boca, sintió un dolor terriblemente agudo en el pecho.
Amaneció muerto, con la boca abierta y los ojos desorbitados, fijos en el espejo.

Después de su muerte, su compañera de colegio le contó a cuantos pudo la terrible historia de terror de Pablo:

-Le dije que cuando escuchara aquella voz, nunca mirara a un espejo, es lo que dice mi madre, que no hay que mirar un espejo; pero él no me hizo caso -les aseguraba la niña macabra.

3 comentarios:

  1. Su compañera era mala? O la cosa que lo mato lo confundió? ?

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    Respuestas
    1. ¡Aja! Así que no habías leído todos, lo sabía. La mayoría no lo ha hecho, y me reclaman cuentos nuevos ¡Jajaja! Mira Vale que a ti te lo digo en broma. Eres la mejor lectora del blog.
      Sobre este cuento, su compañera era mala. Lo de la voz que lo llama, no lo inventé, a mí me ha pasado varias veces, por suerte ya hace tiempo de la última vez. Sé que no es algo tan raro, a cantidad de gente le pasa. Supongo que será el mismo cerebro despertandolo a uno, puede ser parte de un sueño. Soy de soñar MUCHO. Aunque la verdad, realmente parece que alguien dice tu nombre para despertarte. Misterio ¡Jaja! Gracias por seguir por aquí Vale. ¡Saludos!

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