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miércoles, 12 de octubre de 2011

Restos de animales

Los perros aullaron de repente, y se escuchó un gran alboroto en el gallinero.
Anselmo se tiró de la cama y corrió hasta donde estaba su escopeta.

- ¡Estas comadrejas! ¡Hoy no se salvan! - exclamó Anselmo mientras buscaba los cartuchos.

Le pareció raro que sus perros aullaran en vez de ladrar. Sin pensarlo más salió de la casa.
Era una noche de luna. Cruzó corriendo por el jardín. El gallinero estaba detrás de unos
naranjos. Las aves revoloteaban y chocaban contra el tejido de alambre, y cacareaban
enloquecidas. Cuando Anselmo vio lo que causaba el alboroto, soltó la escopeta y se
santiguó.

- ¡Hay Dios mío! - y se hizo la señal de la Cruz.

Una procesión de fantasmas salía desde un galpón cercano y rodeaba el gallinero.
Algunos no estaban completos, sólo eran un torso o una cabeza flotando en el aire;
otros eran cuerpos enteros, también había esqueletos vestidos con harapos. Avanzaban en
fila desde el galpón, levitando o caminando. Algunos, los que tenían brazos, voltearon
hacia Anselmo y lo señalaron, después apuntaron hacia el galpón.
Anselmo sintió que se le iban las fuerzas, nunca había sentido tanto terror. Calló al suelo
y se arrastró por unos metros en dirección a la casa. Cuando logró levantarse corrió
como un loco, aplastando a su paso plantas y flores del jardín.

Estuvo el resto de la noche vigilando por la ventana, suplicando que los fantasmas no
entraran a su casa.
Por la mañana llamó por teléfono a la única persona a la que podía contarle lo que vio
sin que lo tomara por loco; su Hermana. A ella le interesaba todo lo relacionado con
situaciones paranormales.
Durante la tarde llegó su Hermana acompañada por una Médium.
Fueron hasta el gallinero, inmediatamente la Médium sintió algo.

- Esta energía no debería estar aquí - dijo la Médium - Allí es más fuerte ¿Qué hay allí? -
preguntó señalando hacia el galpón.
- Ahí guardo cosas, el alimento para los animales…- le respondió Anselmo.

Apenas entraron la mujer señaló una enorme bolsa que estaba sobre unas maderas.

- ¡Esos son restos humanos! - exclamó la Médium.
- No puede ser. Eso es alimento para aves a base de restos de animales, es…¡ Oh Dios
mío! ¡Utilizan restos humanos…! - dijo Anselmo horrorizado.

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