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sábado, 15 de octubre de 2011

Vagando por la noche

Un par de perros saltaron el muro de una casa y salieron a ladrarle; Guillermo siguió
su nocturno paseo sin prestarles atención. La noche, negra, y aquellas calles no estaban
iluminadas; e hileras de árboles las bordeaban por un lado, haciendo que la oscuridad
fuera casi absoluta. Guillermo siguió vagando, como si fuera una sombra más, invisible
entre aquellas tinieblas.
En algunas casas, cada tanto, se encendía una luz, y Guillermo veía que alguien se asomaba
por la ventana, buscando la causa de que su Perro ladrara tanto.

Al llegar a una parte más abierta, donde no había árboles, vio que alguien se le acercaba
caminando en dirección contraria a la de él. Era una silueta ancha y baja, y avanzaba de
forma errática; para un lado y para el otro, e iba murmurando algo.
Guillermo siguió avanzando en forma recta. El otro caminante, se abrió hacia un costado,
y luego enderezó rumbo a Guillermo.
En vez de chocar con el extraño, Guillermo lo atravesó, pasó a través de él.
El otro caminante paró, un escalofrío recorría su cuerpo, y sintió un súbito terror.
El hombre estaba borracho y no se explicaba que le había pasado. Él no había visto a
Guillermo, nadie lo veía, pues era un fantasma, sólo los perros presentían su presencia
y salían a ladrarle.

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