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jueves, 6 de octubre de 2011

A Wilmar le gustaba el terror

Wilmar no sabía porqué lo hacia, lo único que tenía claro era que le gustaba matar gente.
Una noche, se las ingenió para abrir la ventana de un hogar. Con mucho sigilo, fue
revisando las habitaciones de la Casa. Primero escuchaba pacientemente, después abría
la puerta con el mayor de los cuidados.
Por lo que alcanzó a distinguir en la penumbra, en aquel hogar vivía una sola persona.
Por debajo de la puerta de uno de los cuartos, vio algo de luz, y escuchó que alguien
roncaba. Abrió la puerta lentamente y espió. Allí estaba la dueña de la Casa: Estaba
durmiendo en un Sillón, era una anciana, sobre la falda tenía un par de agujas de tejer y
una prenda de lana a medio terminar.

La anciana se había dormido mientras tejía. Antes de apuñalarla, Wilmar la despertó;
le gustaba ver el terror que le causaba a sus víctimas. Hecho su “Trabajo” salió de la Casa.
Durante la madrugada siguiente, Wilmar, mientras estaba acostado en su cama, escuchó
un tintineo metálico, era un sonido débil, apenas audible.
Encendió la luz y buscó en la habitación.
- ¿De dónde viene ese maldito ruido? - maldijo Wilmar mientras buscaba.

De repente se le ocurrió algo: “Las agujas de tejer” pensó. Sabía que ya había escuchado
un sonido similar, sonaba igual a cuando su Madre tejía. Entonces recordó a la anciana
de la noche pasada, y a las agujas que tenía sobre su falda.
Ahora él sentía miedo, y no era agradable, no era divertido como cuando lo sentían sus
víctimas.
El sonido fue aumentando. Parecía venir de todos lados y de ninguna parte.
Cada vez era más claro; dos agujas metálicas chocando entre si, chirriando al rozar una
con otra.
Wilmar se acostó y se cubrió las orejas con la Almohada. Estuvo así largo rato. Cuando
se destapó las orejas, con la esperanza de que el ruido hubiera parado, sus ojos se abrieron
hasta casi desorbitarse, a la vez que habría la boca y dejaba escapar un quejido. Sus manos
se aferraron a las sábanas y comenzó a patalear. Una Aguja, fría y aguda, penetraba
lentamente por su oído, perforando tímpano, hueso, y cerebro.

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