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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

miércoles, 28 de diciembre de 2011

De Campo

                                         La Cara
       Al atardecer las zonas altas del campo se doraron y en las más bajas crecieron las sombras. Con el sol ya quemando el horizonte armamos un corral con estacas y cuerdas para que las vacas no se dispersaran por la noche. Gutiérrez, Santos y yo transportabamos unas vacas a la antigua, guiándolas por los caminos y campos. Lo hacíamos así porque era una tropa chica y el lugar de destino no era muy lejano. Pero así y todo un día no fue suficiente porque era ganado muy arisco y demoramos más de lo que esperábamos. Por suerte teníamos un plan por si nos pasaba eso, y al final del día las metimos en una pradera donde teníamos permiso. En ese lugar no había otros ganados ni plantaciones ni nada, y mi padre conocía al dueño, que tampoco vivía allí.
En esa propiedad solo había un viejo que le dejaban vivir allí, en un pequeño rancho que él se había construido. Por lo que el dueño del lugar le dijo a mi padre, el viejo cuidaba el lugar con bastante recelo, por eso si parábamos ahí había que ir a avisarle. Como ya era muy tarde entramos nomás y armamos el corral. Cuando Gutiérrez y Santos estaban bajando sus monturas en una arboleda donde íbamos a acampar, les dije desparramando una mirada por los alrededores:

—Voy a buscar la casa del tipo que vive aquí para avisarle. Por lo que sé debe ser rumbo a allá.
—Puede ser también hacia el otro lado —dijo Santos—. Allá viene el tipo.

Giré la cabeza y lo vi apareciendo en una loma. Salí a su encuentro a pie porque él andaba así. Nos encontramos cerca del corral. El viejo tenía el pelo gris y unas patillas enormes, largas y con mucho pelo abriéndose hacia los costados, también tenía unos bigotes enormes pero lo que más resaltaba eran sus patillas. Papá me había dicho que era un tipo patilludo pero no me había imaginado que fuera tan así.

—¿Qué es esto? ¿Quién le dio permiso para dejar estas vacas acá? ¿Quiénes son ustedes para venir así? —me preguntó de muy mala manera.
—Nos dio permiso Estévez, el dueño del campo —le contesté secamente porque no me gustó su tono—. Sé que usted se llama Núñez. Como llegamos con el sol muy bajo primero nos instalamos pero ya iba a avisarle.
—A mí nadie me avisó nada de que alguien fuera a venir —gruñó el viejo. 
—Le estoy avisando yo. Obviamente no le voy a inventar algo así.

Por un momento me miró de reojo, como desconfiado y a la vez amenazante. Yo le planté la mirada y por un momento quedamos así. Creí que el asunto se iba a complicar seriamente, ladeé un poco el cuerpo pensando en desenvainar rápido el cuchillo, el tipo pareció notar mi intención y sonrió pero con desprecio y con la mirada llena de soberbia. “¿Qué se cree este viejo?”, pensé. Dejó de mirarme para observar el ganado. Las vacas se movieron y apretujaron como nerviosas. Fijó sus penetrantes ojos en un ternero, en el más chico que había, y señalándolo me dijo:

—Ese podría quedarse aquí, para mi consumo. Carne tierna.
—Ni hablar. Si el dueño del lugar no me cobró nada no le voy a estar pagando a usted, además con un ternero, si es solo una noche que vamos a pasar aquí —objeté rotundamente. Pero por mi educación igual le ofrecí—. Si quiere arrímese al campamento más tarde. Vamos a hacer una buena porotada con todo y... 

No seguí hablando porque el viejo se dio vuelta y se alejó por donde vino. “Que viejo inmundicia”, pensé. Al volverme Gutiérrez y Santos ya estaban por alcanzarme.

—Creímos que te ibas a pelear —me dijo Gutiérrez.
—Faltó poco, el viejo es tremendo atrevido y se cree dueño de esto. ¡Ja! Hasta quería que le diera el ternero. Viejo loco. Me parece que de noche vamos a tener que estar atentos, por las dudas...

Juntamos leña e hicimos una fogata. Las vacas eran mías pero me gusta trabajar a la par de los otros. Y como era al que mejor se le daba cocinar fui el que preparó la cena. Esa noche no estuvo oscura mucho rato porque una luna llena bien redonda y amarilla se asomó temprano. La luna mostró el relieve de la pradera y a medida que fue subiendo iluminó todo. Después de comer charlamos un rato de lo que había pasado durante el día en nuestro viaje y después me acosté. Acordamos dormir por turnos. Santos quedó vigilando. Me llamó cuando la luna estaba sobre nosotros. Me desperté enseguida pero me sentía amodorrado, tenía mucho sueño. Salí caminando rumbo al ganado para ver si el fresco de la noche terminaba de despabilarme. Hacía algo de frío y eso me ayudó. Al notar que las vacas estaban muy inquietas tanteé la culata de la pistola que me había puesto en el cinto. Cerca de ellas había unos matorrales bajos. Primero vi un lomo pasando sobre las plantas. Creí que era el ternero porque la cuerda no impedía que él saliera. Cuando aquello asomó entre las plantas se me erizó la piel. Parecía un perro muy grande pero su andar era distinto y su cabeza era muy rara. Tenía un pelaje claro, creo que gris, y aquello volteó hacia mí y me miró fijo durante un instante que me pareció larguísimo. La cabeza que tenía me impresionó tanto que no pude reaccionar y lo vi escabullirse entre los matorrales para alejarse al trote. 

A los muchachos les dije que había que estar atentos porque un perro grande andaba rondando en la zona. Nos marchamos apenas amaneció. Nunca voy a olvidar aquella mirada, aquel hocico corto, ni las enormes patillas que tenía la bestia.      
                                                      - - - - - - - - - - - - - -

              Nuestra Aventura En El Campo
No parecía un día donde fuera a pasarnos algo malo. Estaba bastante nublado sobre el campo y había un viento un poco raro pero no le dimos importancia. Durante los ratos de sol todo era claridad, los pastos parecían más verdes y las aguadas se llenaban de destellos. Manuel, mi hermano, iba caminando a mi lado llevando su caña de pescar en la mano y una mochila en la espalda, como yo. Vivíamos en la cuidad pero todos los años visitábamos a nuestros abuelos que tenían una casa en el campo. Cuando niños lógicamente no podíamos alejarnos mucho de la casa sin que nos acompañaran, pero a medida que fuimos creciendo nos fueron permitiendo explorar solos las zonas cercanas. Ahora, con catorce y trece  años, nos íbamos a aventurar solos y era emocionante. La aventura en realidad no era tanta porque el lugar no quedaba muy lejos, pero como era una zona que no conocíamos para nosotros sí lo era. La meta era una laguna donde pensábamos pescar, y nuestro abuelo nos explicó cómo llegar a ella hasta con un dibujo que hizo en el suelo con un palo. Íbamos contentos y a paso firme. Con cada una de nuestras pisadas espantábamos a pequeñas langostas que saltaban o volaban ocultándose en otros pastos.

Era primavera y en el cielo andaban un buen número de golondrinas que pasaban trinando, volando veloces y haciendo bruscos cambios de dirección. Cada tanto soplaba un viento algo fuerte y cálido y los pastos se aplanaban todos hacia un mismo lado. Muy apartadas entre si, aquí y allá había algunas arboledas pequeñas que era donde las vacas buscaban sombra los días calurosos o donde iban a dormir las noches más frías. Esas islas de árboles iban a ser nuestras referencias para orientarnos en un paisaje que se extendía casi igual por una zona vasta. En aquella pradera también había algunas lagunas pequeñas y poco profundas y algunos arroyuelos que corrían lentos entre cardos y pastos altos. Al toparnos con uno de esos arroyuelos tuvimos que costearlo un tramo porque era angosto pero no daba para atravesarlo de un salto. Se me ocurrió que debía angostarse corriente arriba pero no fue así. En algunas partes se ensanchaba formando como unos pozos y nos detuvimos frente a uno de ellos al ver unos pececillos nadando en la superficie.

-¿Será que aquí hay pescados más grandes? -me preguntó Manuel. 
-No, pescado no debe haber ninguno -le contesté solo para bromear.
-¡Como que no, ahí andan unos, mira!
-Sí, pero son peces, los pescados son los que uno ya pescó.
-No bobees, ¿te parece que hay o no?
-Para mí que sí. ¿Intentamos aquí?
-No sé -me dijo Manuel rascándose la nuca, evidentemente indeciso-. ¿Cuánto faltará para la laguna?
-Por lo que dijo el abuelo sería pasando aquella cuarta arboleda siguiendo derecho por acá. Falta bastante. Y este lugar está lindo.
-Sí, aunque es chico... Igual vamos a quedarnos.
-Nos quedamos, listo.

El lugar era pequeño pero su agua oscura indicaba que era bastante profundo, y en la orilla tenía plantas acuáticas que eran el escondite perfecto para los peces. Cuando tuvimos nuestros equipos listos, antes de tirar el mío miré hacia arriba. Ya casi todo el cielo estaba nublado y cerca del horizonte era muy oscuro. Las nubes cercanas al horizonte parecían sólidas y se asemejaban a inmensas montañas. Íbamos a pescar con boya, como carnada teníamos lombrices. Apenas tocaron el agua las boyas se empezaron a mover. Los pececillos nos estaban devorando las lombrices porque los anzuelos eran para algo más grande. Cuando las boyas quedaron quietas supimos que ya no teníamos carnada. Mi hermano me miró negando con la cabeza como si la idea de quedarnos allí fuera solo mía, cosa que no me sorprendió. Después de tirar de nuevo miré el campo. Todo se estaba  volviendo más oscuro y los pastos se agitaban inquietos. Algunas bandadas de pájaros pasaban sobre nosotros. Todo indicaba una tormenta próxima pero no nos dábamos cuenta por nuestra falta de experiencia; sí notábamos que estaba desmejorando pero no sabíamos cuánto tardaría en llover. La transformación que estaba sufriendo la pradera me mantenía con la vista en el horizonte cuando sentí un tirón en la mano. Bajé la vista hacia la boya pero no la vi. Le di un tirón a la caña y sentí que había enganchado algo bastante grande. El lugar era tan chico que la pelea no fue mucha. Al dejarlo sobre el pasto vimos que era un bagre. Estábamos preparados, teníamos una cesta para mantener a los pescados vivos en el agua. Manuel se entusiasmó y le puso varias lombrices al anzuelo. Le dio resultado. Como él tenía menos experiencia su caña se mantuvo más tiempo doblada hacia el agua. Con algunas instrucciones mías logró sacar su bagre y resultó ser todavía más grande que el mío. Me alegré por él pero mi obligación como hermano mayor era molestarlo un poco:

-Por el trabajo que te dio creí que era un tiburón -bromeé.
-¡Jaja! Dio pelea porque es más grande que el tuyo. 
-No, es más cabezón nomás, como vos -le dije inclinándome hacia el pescado para quitarle el anzuelo. 
-¡Jajaja! Menos mal que nos quedamos aquí. Con estos dos le damos de cenar a todos, porque estaría bueno que todos comieran lo que pescamos, ¿no?
-Claro, y lo van a hacer. Trae la cesta para meterlo.

Volvimos a pescar. Me concentré un rato en la boya y después algo me hizo levantar la vista. ¿Qué era? Lo oscuro que estaba todo, eso llamó mi atención. Mi hermano también miró en derredor y después nos miramos entre nosotros. Habíamos tenido varias advertencias pero en un momento se había puesto mucho más feo.

-Va a llover -le dije a mi hermano-, y ahora parece que no va a demorar mucho.
-¡Mira lo feo que está rumbo a allá, vienen como unas líneas! -observó ya algo asustado Manuel.
-¡Y que rápido se están moviendo! -exclamé.

Metimos los bagres en mi mochila, guardamos los reel, y en ese poco rato el cielo se puso realmente horrible. Unas líneas blancuzcas paralelas al horizonte se movían hacia nosotros a gran velocidad una tras otra sobre un fondo parejo y medio verdoso donde empezaron a verse algunos relámpagos. Era viento fuerte. Partimos de allí corriendo. Al enderezar rumbo al hogar de nuestros abuelos el viento nos empujaba desde atrás. Y venía rugiendo y haciendo volar hojas y otras cosas que venían de más lejos. El paisaje ahora oscuro se aplanaba completamente y vi que desde una de las arboledas salió volando un árbol casi entero. El viento nos empujaba con tanta fuerza que comprendí que no podíamos seguir. Por suerte en ese momento alcanzamos una depresión en el terreno que en una parte tenía una pequeña barranca como de medio metro de altura. Le grité a Manuel pero no me escuchó, por lo que tuve que tomarlo de la mochila para que se detuviera. Nos metimos contra la barranca acostados y soportamos aquello. Por un momento pensé que el viento nos iba a arrancar de allí y por poco no lo hizo. Fue espantoso. Todo aquel ruido pasando sobre nosotros y aquella fuerza que nos hacía livianos y quería arrastrarnos. No sé bien cuánto duró aquello, probablemente solo unos minutos, pero a nosotros nos pareció mucho tiempo. Cuando paró el viento le siguió la lluvia, un chaparrón ensordecedor acompañado con truenos que hacían temblar la tierra.  Salimos de nuestro pobre refugio y seguimos caminando. El aguacero creaba una cortina gris que borroneaba el paisaje no nos dejaba ver casi nada, además casi se sentía asfixiante. De pronto vimos de frente a dos encapuchados. Eran nuestro padre y el abuelo. Llevaban impermeables para nosotros pero ya no tenía caso porque estábamos completamente empapados. Tampoco habían advertido la tormenta porque estaban adentro y cuando se dieron cuenta llegó aquel viento. Apenas terminó salieron a buscarnos afligidos. Los cuatro llegamos bien a la casa. Al final tuvimos una gran aventura, y esa noche cenamos bagre.
                                           - - - - - - - - - - - - 

                                    Silbidos En La Noche
David, antes de acostarse, salió de la casa principal para respirar aire puro. Como toda persona de ciudad que va al campo, lo primero que había notado era la frescura del aire, muy distinto a la atmósfera contaminada de la ciudad.
Estaba en la casa del marido de su prima, un ganadero propietario de un gran campo. Una luna creciente abría las tinieblas de la noche iluminando la vastedad con su luz pálida. David se llenó los pulmones con el aire húmedo de la noche. Mirando en torno a él, se
lamentó por no haber aceptado antes la invitación de su prima y el marido, que siempre que lo veían en la ciudad le decían que fuera a pasar unos días en su hogar, en el campo.

Llegaba a él, con la brisa, un aroma a pasturas secas, y en algún árbol lejano cantaba melancólicamente un pájaro nocturno, interrumpiendo el natural silencio de las praderas. Se alejó un poco de las casas por un sendero que iba descendiendo. El sendero se iba
inclinando más cuando escuchó un jadeo detrás de él. Al girar vio la voluminosa y peluda figura del “Titán”, un perro ovejero con el cual había entablado amistad.

- ¡Titán! -exclamó David y rió. El perro le había dado un buen susto-. Vamos Titán.

Y los dos siguieron su paseo nocturno. El perro caminaba a su lado meneando la cola. David se detuvo, miró en todas direcciones
y suspiró largamente. “Podría acostumbrarme a esto”, pensó. Iba a regresar a la casa cuando vio que el perro había levantado la cabeza y olfateaba el aire. Titán comenzó a emitir un gruñido sordo, y de pronto se escuchó un silbido. El silbido parecía venir de todas partes y a la vez de ninguna.
David giró buscando su origen mas no vio nada. El perro rompió en aullidos lastimosos. No era el viento, sonaba como un silbido humano pero algo en él lo hacía aterrador. David se echó a correr, Titán lo siguió, pero cada pocos metros el perro volvía la cabeza y lanzaba un ladrido corto y ronco. Pronto los dos estuvieron bajo las sombras de las casas.

El terror que experimentó lo mantuvo despierto, escuchando. Al otro día indagó entre los peones y le contaron la historia del silbador. Según algunos es el mismo Diablo que se pasea por la vastedad del campo rompiendo el silencio con su silbido.

14 comentarios:

  1. Después de haber leído todo lo que has venido escribiendo desde que nos conocimos, me animaré a hacerte una pequeña crítica. Tal vez no lo hayas notado, pero estás un poquito estancado en el mismo esquema (o al menos yo he notado un patrón): personaje, descripción de paisaje o situación tenebrosos para dar ambiente, luego algún acontecimiento sobrenatural o un monstruo. Funciona en cuentos individuales, pero a la larga te vuelve predecible. ¿Te animarías a intentar algo diferente, a ver qué sale? :-)

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  2. ¡Hola Gissel!
    Lo que dices es cierto, mas tienes que tener en cuenta que estoy publicando en un blog, y que ya van más de cuatrocientos cuentos en menos de dos años.
    Ya he publicado otro tipo de cuentos, no sé si leiste mis cuentos de humor, del otro blog.
    Ultimamente he escrito bastante sobre terror rural, pero si buscas en el blog hay otro tipo de cuentos, aunque tambien están plagados de errores ¡jaja!
    La verdad es que creo que al leer varios cuentos de un autor (aunque sea un maestro) se puede predecir, a la larga, hacia donde van los cuentos. Tambien no creo que se pueda hacer mucho más con cuentos tan cortos, tal vez tú puedas, ahora, pero hace trece años atrás, ¿podrías? digo lo de trece años atrás porque me dijiste que hace quince que escribes, yo no hace ni dos años, además ya he escrito cosas diferentes, es solo que no me has leido mucho, pero no pierdas el tiempo ahora, veremos como escribo dentro de unos años. Saludos.

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  3. Me gusto lastima que no murio nadie jeje exelente como siempre!!!

    Gasbry

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  4. Gracias Gasbry.
    Algunos personajes tienen más suerte que otros ¡jaja!
    Saludos!!!

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  5. Jorge, justamente la observación la hice porque llevas poco tiempo escribiendo. No tienes por qué esperar muchos años para expandir tu repertorio. La experimentación también es parte de la diversión :-)

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    1. lo divertido y bueno que resulta leer estos cuentos, es que lo escribe alguien común, que recién empieza a transitar el camino literario. eso marca la diferencia, ejemplo: las historias que me contaba mi abuela eran mas atractivas que una echa por un escritor de renombre. de todas maneras me parece bien tu consejo hacia quien quiera dedicarse a esto.

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    2. Y de esto ya hace varios años. Creo que en ese tiempo he mejorado mas. Ya piso los ochocientos cuentos de todo tipo en este blog, y tengo otro blog con mas de docientos, y ahí son mas variados todavía.
      Errores todavía tengo un montón, tengo que mejorar mucho, pero variedad de historias de diferentes tipos siempre tuve. Que predomina en terror rural en mis primeros tiempos es cierto, pero es mi estilo.

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  6. Ya he expandido mi repertorio. Juzgaste mi estilo por unos pocos cuentos.
    No comentaste sobre el cuento más nuevo, el ´que está arriba de este,
    su estructura es diferente, y he escrito muchos como ese, creo que tampoco leiste el de más abajo.
    Pienso que lo que criticas es algo inevitable para los que escribimos cientos de cuentos (ya estoy cerca de los seiscientos en total) ¿Podrías escribir, digamos... cuatrocientos cuentos con estructuras diferentes, cuentos cortos, como estos? no lo creo.

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  7. Bueno, en general prefiero escribir menos en cantidad pero hacer que cada cuento sea único y memorable (hay personas que han recordado historias mías por años). En fin, lamento haberte molestado. Mi intención sólo era ponerte un desafío.

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  8. Bueno, yo prefiero escribir bastante para ir mejorando, y además tener un blog exitoso, algo que he conseguido.
    Sin apuro también voy escribiendo otros relatos, y ahora nadie puede decir que no me recordarán por ellos, quién sabe.
    Los desafíos me los pongo yo mismo, y los que se me van cruzando por el camino no son pocos, mas como el camino es empinado los voy usando como peldaños ¡jaja!

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  9. Que poca deveras, la verdad yo soy amante del terror, cada historia de Jorge es única y basta hablar de terror para que recuerdes almenos 30 cuentos del blog, vas por muy buen camino, ánimo, cada autor tiene su estilo, es lo que los hace únicos. Tu toque me fascina y Jorge... tu historia apenas comienza.
    Saludos!

    M.S.

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  10. realmente no me canso de leer tus cuentos me adentro tanto en las historias q siento que yo soy el personaje , unas que otras noches no he podido dormer bien por que recuerdo las historias pero me facina como las relates ate: Estrella

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  11. Muchas gracias, Estrella.
    Para dormir cuenta ovejas. Yo las imagino entrando en un corral. Van pasando y pasando de a una... Pero espera, hay una oveja diferente. Cuando lo noté me miró de reojo y se apuró para esconderse entre las otras, como si tramara algo...
    ¡Jajaja! Hablando en serio, nunca fui de sueño muy rápido y desde que empecé a escribir me cuesta mucho más dormirme, como que el cerebro no se apaga así nomás ¡Jaja! Tú por leerlos, yo por escribirlos... Y bueno, así son las cosas. Saludos y felices sueños!!

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