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martes, 3 de enero de 2012

El Engendro

Una madrugada tormentosa, Paola tuvo el peor de los despertares.
Rayos que abarcaban todo el cielo tempestuoso iluminaban su cuarto por la ventana.
Apenas abrió los ojos, vio que desde un rincón oscuro cercano al techo, descendía volando
lentamente un ser diminuto, parecido a un recién nacido pero de rasgos grotescos, monstruosos.
Aquel ser se detuvo como a dos metros de ella, y comenzó a danzar extrañamente, en el aire.
Movía los brazos enérgicamente como si dirigiera una orquesta, y agitaba las piernas, y las
levantaba.
Paola no pudo mover ni un dedo, estaba completamente paralizada.
Sin poder hacer nada, vio como aquel ser fue descendiendo luego hasta llegar a la altura de
su vientre, después la saludó con la mano y sonrió con su boca enorme, y seguidamente se
fue hundiendo en su abdomen hasta desaparecer; en ese momento Paola se desmayó de terror.

Cuando despertó había amanecido. Durante el día se convenció de que sólo había sido una
pesadilla.
Unos días después comenzó a sentirse mal. Tras unos exámenes un doctor le dijo que estaba
esperando un bebé.

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