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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

lunes, 2 de enero de 2012

Vivo frente a una casa embrujada

La casa está justo frente a la mía, pasando la calle, y ahora sé que está embrujada.
Cuando vi partir a sus dueños, a mis vecinos, no pude evitar sacudir la cabeza ¡Que ignorancia!
pensé. Se iban de allí porque decían que estaba embrujada.
La mujer de la casa vivía hablando de fantasmas en los almacenes, que veían esto, o escuchaban
aquello; yo hacía un esfuerzo para no echarme a reír ¡Fantasmas!
La casa quedó desabitada por largo tiempo.
Un día, pintaba el frente de mi hogar cuando una pareja se acercó a mí.

- ¡Buenas tardes! - saludó el hombre - Veo que usted pinta bien.
- Buenas tardes - le contesté -. Trato de que no se chorree mucho, no es que pinte tan bien.
- Para mi está bien. Dentro de unos días vamos a ser vecinos, compramos la casa de ahí
enfrente - me dijo el tipo sonriendo.
- Ah sí, que bien, cuanta más gente en la zona mejor, mejor para el comercio.
- Sí. Mire, nos gustaría que pintara nuestra casa. No conocemos a nadie por aquí, y contratar
a un pintor sería un poco complicado para nosotros, porque tendríamos que darle la llave y…
Usted entiende, ¿no? Como usted es vecino, para nosotros sería más fácil.

No soy pintor, pero un dinero extra no me venía mal, así que acepté el trabajo.
Había entrado a la casa muchas veces cuando era niño, tras entablar amistad con el hijo de los
primeros dueños. En la familia había una anciana, muy viejita y encorvada, que por lo que
decían nació allí. La anciana solía preparar un postre, tipo crema, aromado con canela, que
a mi me gustaba mucho.
Crucé la calle cargando un par de tachos y algunas brochas. Apenas entré a la casa, sentí
un olor a canela. Salí para afuera y olfatee el aire girando hacia todos lados, el olor no venía
de afuera.
Enseguida recordé el postre de la anciana (la memoria del olfato es muy poderosa), entonces
tuve la precaución de dejar las herramientas afuera, podía sentir que algo no estaba bien.

Atravesé la sala y el corredor que lleva hasta la cocina, y allí vi a la anciana, de espaldas a mí.
No creo que sea el fantasma de aquella mujer dulce (así la recuerdo), creo que es algo más.
Tal vez hay espíritus que se posesionan de otros espíritus, no sé, no soy un experto en el tema;
lo que sí sé es que cuando la anciana se volvió hacia mí, vi que su cara tenía rasgos demoníacos.
Lo que sentí es muy difícil de explicar, y la palabra terror no sería suficiente.
Salí de la casa con esa cosa, lo que fuera, pisándome los talones, y apenas salí se cerró la puerta.
A los nuevos dueños les inventé una excusa. No quedé muy bien con ellos, igual no vivieron
allí ni tres días, así que no me importó mucho.

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