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viernes, 30 de noviembre de 2012

Cosas de la mente

Era de noche y el viento soplaba entre los árboles. Milton y Daniel acampaban en una zona boscosa. En la fogata que los iluminaba se asaba un trozo de carne, que al chorrear grasa sobre las llamas hacía que éstas aumentaran y se volvieran amarillas.  Estaban sentados en el suelo, separados por la fogata.

- La gran culpable de que la gente se asuste es la mente - continuó Milton con una conversación que venían manteniendo desde unos minutos atrás  -. Por ejemplo: si vemos algo que por alguna causa llama nuestra atención, aunque lo que estemos viendo no tenga forma, la mente la asocia con algo que conocemos, o sea, prácticamente le da forma, y si el lugar donde nos hallamos nos inquieta, la forma que le da la mente a esa cosa puede asustarnos.
- Puede ser - comentó Daniel -, pero, ¿y cuando se escucha algo?
- Al repetirlo en la mente se le da significado, se “oyen” palabras en un simple rumor o en un ruido que no las tenía.
- debe ser así, pero… no sé si eso explica todo, capaz que sí, quién sabe.

Daniel se levantó, desenvainó el cuchillo que llevaba en la cintura, y arrimándose a la fogata le hizo un corte a la carne. - Le falta un poco - concluyó.
Milton, que se había inclinado para mirar el corte de la carne, estuvo de acuerdo en que aún le faltaba.  Al acomodarse nuevamente para quedar bien sentado, sin quererlo, recorrió con la vista parte del bosque, y quedó mirando un punto determinado.  Un bulto medio arredondeado resaltaba al lado de un delgado tronco. El bulto parecía ser una cabeza humana con melena desordenada.

- Ahí hay un ejemplo de lo que le estaba diciendo - dijo Milton, apuntando con el brazo hacia el bulto.
- ¿Dónde, qué es que hay ahí? - preguntó Daniel, volteando hacia el sitio que señalaba su compañero. 
- Allí, entre aquel tronco retorcido y el otro más grueso, allí. Mi mente ve en esa forma una cabeza que nos vigila, y al decirle eso usted también va a ver lo mismo, vea, bien allí.
Cuando la notó Daniel echó el cuerpo hacia atrás: lo había espantado. - ¿Se dio cuenta? - preguntó Milton.
- Parece una cabeza sí, ¡jeje! Da un poco de miedo, pero, ¿qué es esa cosa?
- Una persona no es, porque como ve el tronco donde está es muy delgado y no deja lugar para ocultarse. Tal vez es un avispero, un montón de ramas, no importa; nos parece una cabeza porque la mente la ve así.

Mientras Milton decía eso, la carne chorreó bastante grasa derretida, y los dos miraron hacia el fuego: cuando voltearon nuevamente hacia los árboles, aquella cosa ya no los vigilaba, ya no estaba.


  

11 comentarios:

Anónimo dijo...

sta muy padre, recominedo leerlo

Anónimo dijo...

Me encantan estos cuentos los sigo día a día

Anónimo dijo...

esta padre recomiendo leerlo
auque esta corto

Anónimo dijo...

esstaa rree buenoo...!!!

Anónimo dijo...

Esta muy bueno

Anónimo dijo...

woou muy padre

Anónimo dijo...

Cool

Anónimo dijo...

Hola están buenísimos tus cuentos te sigo siempre todas las noche busco en tú blok aver sí publicaste algún cuento :-)

Anónimo dijo...

Jajaja!!! Muy bueno e interesante,,eso es lo q me encanta de este fabuloso escritor!! Siempre te deja queriendo leer mas!!! Saludos amigo!! Excelente trabajo!

Anónimo dijo...

esta muy interesante, tambien puedo imaginarme cosas asi que me parecen reales en las noche.... saludos :-)

Jorge Leal dijo...

Es cosa de la vista y la mente, no son cosas reales. Una vez, en el campo, creí ver una liebre asomándose entre los pastos. Cuando le disparé ni se inmutó, y fue porque no era una liebre, eran pastos y una rama, pero desde donde los veía parecía que hasta ojo tenía ¡Jaja! a veces la vista nos engaña. Saludos.

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