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martes, 13 de noviembre de 2012

Siluetas en la noche

La oscuridad de la noche se amontonaba entre los árboles del monte cercano, mientras el campo, la
laguna y los pescadores, eran bañados por la claridad de la luna.
Sandro y Antonio, sentados al lado del fogón, en la orilla de la laguna, sorbían café de a pequeños
tragos, la vista fija en las líneas de los aparejos que se perdían en el agua.
El reflejo de la luna estaba casi inmóvil en la superficie tranquila del agua. A veces algún pez
saltaba  fuera del agua,  o “picaba” la superficie, y el reflejo de la luna ondulaba, luego volvía la calma.

La laguna era alargada, como si fuera un tramo seccionado de un arroyo, y mayormente estaba
rodeada de juncos encorvados que por momentos se mecían lentamente.
El silencio domina las noches en el campo, y como ninguno de los dos era muy conversador,
el silencio circundante sólo era interrumpido por el crepitar del fogón, que lanzaba chispas al cielo.
Frente a ellos, tras la laguna, había una franja de campo, y más allá, donde terminaba ésta, comenzaba
la negrura del monte, y se extendía hacia los lados hasta que se perdía de vista.
A sus espaldas, una pradera monótona se alargaba hasta la falda de unos cerros lejanos.
Antonio dejó la taza a un costado del fuego y se limpió la boca con la manga del abrigo, y al hacerlo
levantó un poco la vista,  entonces vio, en la otra orilla,  la silueta de un hombre que iba costeando la laguna; se veía que tenía sombrero, y hamacaba lentamente los brazos al andar.

- Sandro - dijo Antonio en voz baja, casi susurrando.
- ¿Qué?
- Vi a alguien costeando la laguna, rumbo a la derecha, aquí enfrente.

Sandro escudriñó entre los juncos y vio a la silueta. Los dos lo siguieron  con la vista hasta que
desapareció tras unos juncos más altos.  
Un hombre solitario cruzando por la soledad del campo, de noche, no es algo muy raro, puede andar
por varios motivos; mas algunas de esos motivos no son buenos.
Expectantes miraban hacia la derecha, hacia el punto donde había desaparecido, y con la visión
periférica notaron otra silueta humana. Hizo el mismo recorrido que la primera y desapareció en el mismo lugar.  Inmediatamente notaron algo extraño, era como si estuvieran viendo la misma escena, pues la segunda silueta se veía igual a la primera, y tenía el mismo andar extraño, como con un aire solemne.
Cuando la vieron nuevamente se levantaron como un resorte; estaban viendo una aparición.
Juntaron sus cosas y salieron de allí casi corriendo, dejando en el agua sus aparejos.
Con la luna sobre ellos, atravesaron el campo volteando constantemente hasta que llegaron a la ruta
y a su vehículo. Y al echar una última mirada hacia el campo, una silueta iba costeando el alambrado: los había seguido.
 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

me guustoooooo

lily dijo...

Me gustooo... de hecho desde inicio la descripción del lugar me puso los pelos de punta...!!!

Anónimo dijo...

Valla que historia me gusto y me dio miedoooo

Anónimo dijo...

La mama de las historias

Matias a. dijo...

Ahora tampoco puedo ir a pesacar .¿ Acaso hay un lugar que se salve de fantasmas y esas cosas?

Jorge Leal dijo...

En el blog todo está embrujado, pero solo es ficción. Gracias por comentar. ¡Saludos!

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