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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Terror a lo desconocido

Mis cómplices estaban muy tranquilos y tenían una sonrisa a flor de labio.  Dejamos el auto lejos del cementerio y, los tres, Gerardo, Rodrigo y yo (me dijeron que se llamaban así, pero probablemente eran nombres falsos), caminamos por una calle desolada; a esa hora de la noche y en esa zona no andaba nadie, ni un auto cruzó por nosotros.   A una distancia prudente del portón del cementerio, vigilamos que no viniera nadie.

- Vamos ahora - dijo Gerardo.
- ¡Ahora! - medio protesté, no me sentía listo -. Y si esperamos a más tarde.

Me miraron sin contestarme, corrieron rumbo al portón y tuve que seguirlos. Sin dudas eran hábiles en su oficio. Rodrigo tomó el candado que cerraba la reja, y usando una ganzúa lo abrió con suma facilidad. Entramos y empezamos a recorrer el campo santo, que al estar bajo la claridad de la luna lucía más tétrico.
El lugar era evidentemente muy antiguo. Abundaban unos mausoleos enormes, en la mayoría había estatuas, grandes inscripciones, rejas oxidadas, y las hojas de los árboles que había allí, volaban repentinamente, se elevaban y bajaban meciéndose hasta que las alcanzaba otra ráfaga.
Unos días antes de esa noche, llegó a mi tienda de artículos esotéricos un hombre del cual inmediatamente noté dos cosas: que era rico y que era un excéntrico. No me equivocaba. El tipo buscaba algo que yo no tenía; dos cráneos humanos sacados de un cementerio. No le interesaban los que tenían otro origen.  Sin dudas era alguien acostumbrado a obtener lo que quería, y sin muchas vueltas me propuso que los tomara de un cementerio.
Lógicamente me negué, pero a medida que empezó a poner billetes sobre el mostrador, se me hizo más difícil decir que no. Tragué saliva, con la vista fija en los billetes, le dije:

- Aunque quisiera no podría, nunca hice algo así… no saldría bien, si quisiera hacerlo, claro.
- Puedo brindarle la ayuda de dos tipos que conozco - me dijo -. Pero tiene que ir usted para elegir cráneos en perfectas condiciones. ¿Es un trato? - mi respuesta es obvia.

Caminamos por aquel lúgubre local y hallamos lo que queríamos, había unos ataúdes sobre el césped; una remoción de huesos incompleta.      Abrí la tapa de uno y allí estaba el esqueleto, con sus grandes cuencas vacías hacia el cielo. Hice mi trabajo y luego seguimos con otro.
Me tocó a mí cargarlos en una bolsa. Desandamos el horrible recorrido que habíamos hecho en aquel lugar tan tétrico.   Cuando ya veíamos el portón, de pronto me invadió un estremecedor escalofrío, y supe que había algo detrás de mí.  En ese momento debo haber caminado más lento, porque mis cómplices se adelantaron unos metros.  Al notar que me había rezagado, se detuvieron y giraron en mi dirección, y enseguida su mirada se llenó de terror, abrieron los ojos desmesuradamente, y en su rostro se dibujó el terrible miedo que sin dudas sintieron de golpe. Miraban a algo que estaba detrás de mí, algo que era tan horrible que hizo que aquellos hombres, que sin dudas eran valientes, salieran corriendo y gritando como niños.
Solté la bolsa con los cráneos y, sin voltear en ningún momento, corrí también hasta salir del cementerio.  Aunque el terror también me impulsaba, no conseguí alcanzarlos, y al llegar al auto se fueron, me abandonaron.   
Nunca más los volví a ver, ni al hombre que quería los cráneos, y como nunca supe qué era lo que me iba siguiendo en el cementerio, aquel terror que sentí nunca me abandonó del todo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Este cuento esta lokaso y si da miedo y aun mas si lo lees de noche y solo

Anónimo dijo...

MUY TENEBROSO

Anónimo dijo...

Siii da miiedo

Anónimo dijo...

Da mucho pero mucho miiedo uuuu

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