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jueves, 13 de diciembre de 2012

Chapoteando

Abrumado por una noche calurosa, Fernando subió a su camioneta y condujo hasta un arroyo. La noche estaba completamente oscura. Una gruesa capa de nubes negras creaban tal oscuridad que no se distinguía el límite del cielo y la tierra, y al no haber viento, no había ni el menor indicio del paisaje que estaba tras esa oscuridad.
Al divisar el puente Fernando tomó el camino que doblaba hacia la derecha e iba hasta el arroyo. Se detuvo a unos cinco metros de la orilla del agua. Las luces iluminaban incluso la otra orilla, donde una pequeña barranca iba ascendiendo hasta llegar a un monte ensombrecido. Dejó las luces encendidas.   Entró lentamente al agua y suspiró aliviado. No nadó, solamente se sumergió unas veces y luego fue a sentarse sobre la hierva de la rivera.

Cuando se iba levantando para irse, escuchó un chapoteo que venía de la otra orilla, y sintió como sus sentidos se aguzaban rápidamente, y un escalofrío partió desde la base de su columna y fue subiendo por ésta.  La reacción fue causada por un recuerdo que lo asaltó de pronto al escuchar el chapoteo donde hacía un instante no había nada. Recordó una historia que un par de pescadores le narraron sobre aquel lugar, historia que no había creído; pero ahora estaba allí y había escuchado un chapoteo en el agua. 
Al mirar hacia el lugar allí estaba; parecía ser una niña pequeña sentada en la barranca, con las piernas colgando y los pies chapoteando en el agua, pero algo en su cara no estaba bien, tenía rasgos de anciana y parecía estar descomponiéndose.
Fernando giró hacia la camioneta. Al dar unos pasos sintió que había algo siguiéndolo, pero continuó sin mirar.   Con el vehículo en marcha, vio por el retrovisor que realmente aquella cosa lo había seguido, al igual que siguió por la ruta a los pescadores, pero como viajaba más rápido pronto dejó de verla.

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