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domingo, 23 de diciembre de 2012

La voz del Diablo

Una voz extraña vino desde la oscuridad, cortando la conversación que entablábamos. Éramos varias las personas que estábamos allí, sentados bajo el porche de la casa, respirando el fresco de la noche, conversando animadamente.  El frente de la vivienda en donde nos encontrábamos, estaba bien iluminado, pero más allá de la zona de influencia de esa luz, en los campos y arboledas cercanos, se cernía una noche terriblemente oscura.
Estábamos en medio de una charla cuando escuchamos aquella voz, y todos volteamos hacia la oscuridad. Parecía venir del camino que estaba a unos cincuenta metros de allí, era fuerte y clara pero no se entendía una palabra de lo que decía, y sonaba por demás extraña. 

- ¿Y eso? ¿Es alguien que va por el camino? - preguntó uno de los presentes, dirigiéndose al dueño del lugar, que estaba sentado con nosotros.
- Más bien, algo que va por el camino - contestó él, dejándonos con más intriga.
- Cómo que algo ¿Qué quiere decir? - esta vez pregunté yo. El tipo se volvió hacia mí medio sonriendo.
- Bueno, no es una persona. Una vez intentamos ver  quién andaba ahí, iluminamos el lugar con unos faros, pero no vimos nada. Sólo en el último instante en que el rayo de luz enfocó el lugar, creí ver algo, por un tiempo mucho menor al que dura un pestañeo, pero no era una persona, y les juro que se me erizó toda la piel del cuerpo, y casi me descompongo.
- Pero que fue lo que vio - insistí.
- No lo recuerdo, el tiempo fue tan corto, que no me quedó en la memoria, o no lo vi realmente, ¡no sé! Se escucha en las noches oscuras como esta, y la verdad es que no quiero saber qué anda ahí, nada bueno seguramente. 

El relato los impresionó a todos, y mudos miraban hacia las sombras desde donde seguía llegando la voz. Entonces me puse de pie.
- Si me presta una linterna voy a ir a ver, la curiosidad me mata - le dije al dueño del lugar.
- No, deje eso hombre, no es bueno meterse con esas cosas - No quise insistir. Recordé en ese instante, que tenía una linterna en el auto. Los otros se levantaron y dijeron que no fuera; no les hice caso.

Linterna en mano avancé rumbo a la voz, que todavía se escuchaba. Los otros, desde el porche, me gritaban que volviera.
Al llegar al portón me detuve. Iluminé ambos extremos del camino, nada, y ya no distinguía de dónde llegaba la voz. Voltee en todas direcciones,  tratando de ubicar el origen del sonido. Vi algo cuando iluminé una arboleda cercana. Entre las ramas surgió de pronto una cabeza alargada, con grandes ojos que me miraban, y sentí un terrible escalofrío, y desvié el rayo de luz.
Pasado aquel instante de terror, me di cuenta que lo que vi fue la cabeza de un caballo. Cuando volví a apuntar la linterna ya no estaba, y tampoco se escuchaba la voz.
Regresé al porche con las piernas rígidas de miedo. Enseguida me preguntaron si había visto algo.

- No andaba ninguna persona, esa voz no tiene explicación. Y mientras buscaba, un caballo se asomó entre los árboles y me dio tremendo susto - les dije.
- ¿Un caballo? - preguntó el dueño del lugar -. Los míos están encerrados en el galpón.
Al escucharlo evoque la imagen de aquella cabeza, y la recordé guiñándome un ojo y sonriendo.   
 

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