¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

sábado, 23 de febrero de 2013

En pleno vuelo

Comenzó como un vuelo normal, igual a otros, pero terminó siendo una experiencia aterradora para Darío. Él iba del lado de la ventanilla; cuando viajaba en avión le gustaba mirar hacia fuera.  A veces no veía más que nubes, pero en ocasiones el cielo se despejaba, y allá abajo se habría todo un paisaje.  Las ciudades se veían como agrupaciones de rectángulos grises, matizados en algunas zonas con el verde de algún parque, o los reflejos centellantes de algún cristal. Las cimas montañosas casi siempre estaban envueltas en nubes, y aparecían esporádicamente para desaparecer enseguida tras una cortina gris.  Las extensas praderas verdeaban allá abajo, y desde la altura el mar parecía congelado.
A veces se entretenía observando a los otros pasajeros. Siempre había alguien con miedo a volar, y era fácil identificarlos, ya fuera por el sudor de la frente y el rostro desencajado, o por la sonrisa nerviosa como pintada en el rostro.

En esa ocasión Darío volaba de noche. Por la ventanilla sólo veía oscuridad, por lo que supuso que sobrevolaban el mar. 
La mayoría de los pasajeros estaban durmiendo; algunos roncaban, otros se retorcían en su asiento.
De pronto todo se sacudió, una mujer despertó con un grito; otros, una vez despiertos giraban la cabeza en su confusión.  Un par de azafatas aparecieron tambaleándose por el movimiento del avión. Fingiendo su mejor sonrisa,  pidieron a todos que se calmaran, explicando que sólo era un poco de turbulencia. La nave se seguía sacudiendo, y las voces angustiadas y las miradas de temor fueron aumentando. Algunos se aferraban a los asientos, y con los ojos cerrados murmuraban algo.

- ¡Manténganse en sus asientos! -decía una azafata, tratando de controlar el caos-. Pronto pasará la turbulencia.
- ¡No quiero morir, Dios! - gritó alguien.

Cuando paró la vibración comenzó la mareante sensación de descender en caída libre. A esa altura ya casi todos gritaban. Darío cerró los ojos y pensó en su familia, sintiendo una honda pena, no por él, sino por los que dejaba e iban a sufrir su pérdida..
Súbitamente dejó de sentir la sensación de caer, tampoco escuchaba gritos. Abrió los ojos y, gracias a su altura pudo ver por encima de su asiento. Todos estaban quietos, inmóviles. Al intentar girar la cabeza descubrió que estaba paralizado. Cerró nuevamente los ojos para ordenar sus pensamientos y tratar de comprender qué estaba pasando. Al abrirlos vio que dos seres horrendos avanzaban por el corredor que forman los asientos.  Tenían rasgos humanoides, mas sus cabezas eran alargadas, sus narices largas y delgadas, mucho más debajo de ésta se hallaba su boca, y entre sus delgados labios sobresalían unos dientes color metálico que terminaban en punta. Tenían ojos diminutos y negros, y una piel muy blanca, con manchas rosáceas en el cráneo, el cual no tenía cabello. Su vestimenta era toda blanca y parecía estar formada por una única pieza.

Inmediatamente Darío pensó que estaba viendo a dos extraterrestres. Notó con horror que tenían algo en la mano. Era un aparato reluciente con varias puntas delgadas que rodeaban a una especie de mecha de taladro que giraba rápidamente produciendo un zumbido horrible. Los extraterrestres iban de asiento en asiento, y hacían algo en la cabeza de los pasajeros, pero nadie se movía ni gritaba.
De a poco se iban acercando a él, y no podía mover ni un músculo. Finalmente le llegó su turno.
Por el rabillo del ojo vio como acercaban el aparato a su cabeza, y el extraterrestre sonreía mostrando sus dientes color metal. Eso fue lo último que vio antes de perder la conciencia.
Al despertar miró a su alrededor, los extraterrestres ya no estaban, y los demás pasajeros se comportaban normalmente. Nadie recordaba lo sucedido, sólo Darío era conciente de lo que había pasado. 
   
  

8 comentarios:

Raúl Omar García dijo...

Escalofriante situación contado en la cotidianidad en la vida una persona, ahí reside el verdadero terror de esta historia.
Muy buena.
Saludos.

Anónimo dijo...

hola soi agustin xD

Anónimo dijo...

Hola soy angela estubo esta historia escalofriante

Jorge Leal dijo...

Hola Angela. Gracias por comentar. Saludos.

Anónimo dijo...

ooooooooooooo ......... Guauu.... Eso sies un poco de ccosa genial ..... :)

Anónimo dijo...

Hola jorge he estado leyendo tus cuentos y la verdad me gustan muchisimo los leo todas las noches aunque de ves en caundo me de un susto je! Una duda este cuento no tiene una relacion con el cuento "terror extraterrestre"? porque la descripcion de estos extraterrestres son muy parecidas : la nariz flacida y los dentes puntiagudos y metalicos .

Jorge Leal dijo...

Hola. Las historias no están relacionadas, pero sí, los extraterrestres son los mismos. A medida que uno va escribiendo va desarrollando algunos personajes, variantes de monstruos y entes de todo tipo, y los incluyo en diferentes cuentos, sin que necesariamente sean una continuación del otro. Si te fijas en mis cuentos de vampiros, generalmente uso a una especie de vampiro con cabeza o rasgos de murciélago. Gracias por comentar. ¡Saludos!

Matias a. dijo...

Ohh gracias por sacarme la duda. saludos desde Argentina .

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?