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viernes, 15 de febrero de 2013

Gente de circo

“¿Te volviste loco? ¿Cómo se te ocurrió esa idea? ¡Comprar un circo…!”, le repitieron varios conocidos a José, pero ninguno pudo hacerlo cambiar de idea.
Compró un circo ambulante. Al conocer a los empleados, durante una noche de función, notó enseguida que no lo querían por allí, que habían vendido el circo por una urgente necesidad de dinero, pero que no querían un jefe husmeando en el lugar.   El enano encargado de la contabilidad parecía bastante honesto, los números estaban claros, por lo que José descartó que intentaran estafarlo. Dedujo entonces que la actitud de los que trabajaban allí se debía a que eran un grupo muy cerrado, pero decidió que de todas formas iba a visitarlos cuando quisiera y sin avisar; ahora él era el dueño.
Cuando el circo se hallaba en un campo cercano a un pueblo, José les hizo una visita por la mañana.   Descubrió que casi todos estaban dentro de los remolques. Solamente un jorobado que barría el lugar y el enano de la contabilidad se encontraban afuera.

- ¿Siempre duermen hasta tan tarde? -le preguntó José al enano, con tono autoritario.
- Sí, lo que sucede es que… las funciones terminan muy tarde. Por eso duermen… todo el día.
- ¿Qué, duermen todo el día? ¡Ah! ¡Esto se tiene que terminar!
- Señor, usted no entiende. ¡No vaya a entrar! ¡Señor…! -trató de detenerlo el enano, pero José ya se precipitaba hacia un remolque, y con un movimiento brusco abrió la puerta y entró.

Adentro estaba oscuro. Escudriñando distinguió que había alguien sobre una cama. Al acercarse vio que era un payaso, vestido como tal y hasta maquillado.
- ¡Es hora de levantarse! ¿Me oye? ¡Oiga! ¡Payaso! -mas el payaso ni se movió.
Ya algo alterado, fue hasta la ventana y descorrió las negras y pesadas cortinas que la cubrían. La luz del sol entró a raudales. El astro rey se encontraba frente a la ventana, y su luz iluminó de pronto todo el cuerpo del payaso, y éste emitió inmediatamente un grito espeluznante. Cuando José, asustado por el grito, giró rápidamente hacia él, el payaso se levantó de golpe. De su cabeza salía humo y su cara comenzó a derretirse, y su carne empezó a chorrear sobre la cama; pero aquella cosa aún seguía gritando, y su pelo se incendió ante los aterrados ojos de José, que lleno de terror veía cómo aquel ser era destruido por la luz solar mientras gritaba horriblemente. 
Finalmente pudo apartar la vista de aquella escena de terror, después salió del remolque tambaleándose, con las piernas temblorosas por el miedo. A duras penas llegó a su auto. Ya lejos de la zona pensó que debía informar de aquello a la policía, o al ejército, a alguien. No lo iba a conseguir, nadie se iba a enterar de aquello, pues oculto en el asiento de atrás viajaba con él el jorobado del circo.

 

1 comentario:

  1. Terrorífico y con un muy buen final. Me gustó el clímax que impregnaste.
    Saludos.

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