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sábado, 9 de febrero de 2013

Recuerdo aterrador

Sé que sonará extraño, pero una vez me aterré de algo mucho tiempo después de verlo.
Una noche, caminaba por una parte poco transitada de la ciudad. La calle era angosta, los árboles de sus veredas  enormes y frondosos, mientras las casas que había allí eran todas viejas; y algunas se encontraban abandonadas: lo indicaba su mal estado.  Para mí era un lugar tranquilo, apenas perturbado por la luz ocasional de algún auto, mucho mejor que las calles concurridas, con sus bocinazos y el ruido constante de los vehículos.
Cuando pasé frente a una casona vieja y alta, de dos pisos, levanté la vista hacia una ventana situada como a cinco metros del suelo, en el segundo piso, supuse. No tenía cortinas y era ancha. Una luz amarillenta salía por ella, y sorpresivamente un hombre con sombrero cruzó delante de aquella ventana, miró hacia abajo, hacia mí y lo ocultó la pared al seguir avanzando.
Me impresionó un poco su aspecto: Tenía unas acentuadas ojeras, unos pómulos prominente y una quijada angosta. Pero fue un sobresalto pasajero, del momento. Seguí caminando como si nada.
Meses después, la casualidad, una jugarreta del destino o quién sabe qué, me llevó hasta aquella casona. Una familia la había comprado y querían que revisara la instalación eléctrica.

- Pasé -me dijo el nuevo dueño de la casa -. Si hay que cambiar parte o toda la instalación, se cambia. Lo que quiero es que sea segura, porque la casa es muy vieja y ha estado desocupada largo tiempo.
- Muy bien. Voy a ir empezando -le dije. Estaban trabajando también algunos albañiles. Reparaban grietas en las paredes y remplazaban baldosas quebradas del piso.

Fui revisando pieza por pieza. Al llegar a una habitación amplia y excesivamente alta, vi la única ventana que tenía, y supe que era la misma que viera desde la calle aquella noche. No estaba en el segundo piso, lo que vi había pasado flotando delante de ella.

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