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domingo, 24 de marzo de 2013

Bajo la piel

Favio se despertó de golpe y quedó sentado en la cama, escuchando. Estaba de noche y afuera de la casa había un gran alboroto. Los caballos relinchaban en el establo, y desde el corral cercano llegaba el balido asustado de las ovejas.
Favio trabajaba en aquel establecimiento rural. Esa noche se hallaba solo, cosa que no pasaba muy seguido, por eso Favio maldijo su suerte mientras se calzaba apresuradamente. Antes de salir buscó la escopeta y la cargó mientras seguía maldiciendo en voz baja.
La noche no era oscura; una media luna se encontraba en la cumbre del cielo. Salió al patio y echó una rápida mirada hacia las otras casas, temiendo que en alguna de las ventanas se recortara la silueta de un invasor. Un ruido leve lo hizo girar hacia la sombra de un naranjo, y de la negrura de esa sombra salió al trote, andando en cuatro patas, una figura que no era humana. La aparición repentina de aquel ser peludo lo impactó un instante, pero enseguida reconoció aquella figura: era el “Oso”, el perro del lugar. El perro, que era enorme, fue hasta donde estaba Favio. Éste le acarició la cabeza y dijo en voz baja:
- Estás viejo y sordo, “Oso”. Vaya guardián que es este perro.

Pero a pesar de decir eso, Favio se sintió un poco más tranquilo al estar acompañado por aquel perrazo. Juntos fueron rumbo al corral. Pasaron al lado del establo; como éste se mantenía cerrado siguió hasta el corral. Las ovejas se apretujaban en el otro extremo. Las que estaban en el exterior del tumulto intentaban avanzar hacia el medio de él a los pechazos; todo esto entre balidos de terror.
“Lo que las asusta tiene que estar muy cerca de aquí”, pensó Favio.     Al sentir que algo le tocó la espalda  saltó hacia adelante con un grito. El mismo susto lo hizo girar rápidamente. La cosa que se parecía al perro se alejaba ahora corriendo sobre sus dos patas traseras, erguido como un hombre, y lanzando una especie de carcajada como la que emiten las hienas.   Cuando Favio apuntó la criatura ya iba muy lejos, y con su silueta desapareció también la carcajada espeluznante.
Cuando llegó el día Favio resolvió parte del misterio al encontrar la piel del “Oso”, y luego su cuerpo despellejado; pero nunca supo qué era aquella criatura, pues ningún humano asustaría tanto a los animales sólo con su presencia, ni podría adoptar la forma de un perro; y a Favio le recorría un escalofrío por la espalda al recordar que había acariciado la cabeza de aquella cosa.
 

9 comentarios:

  1. el cuento estuvo muy buno te felicito jorge me llamo uriel

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  2. Que causo que quisieras escribir esto?

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  3. Nada en particular. El tema es el mismo de otro cuento que escribí en el 2010 y publiqué en un blog que ya no tengo. Saludos.

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    1. Gracias por aclararmelo. Saludos

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  4. Wooowww muy bueno... Te felicito arte el emma

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  5. Muy bueno, me encanto y es perfecto para mi tarea
    Gracias por aportarnos Estos cuentos
    Tan maravillosos

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  6. enseguida lo identifique pero aun asi lo volvi a leer y me volvio a gustar hehehe. Un abrazo desde guadalajara Jalisco

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