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domingo, 31 de marzo de 2013

Cazador de monstruos 1

Hasta los policías más experimentados estaban horrorizados con aquel crimen.  Habían matado a un hombre en uno de los apartamentos de un viejo edificio.
Los forenses y los detectives permanecieron largo tiempo en el apartamento. Algunos sacaban fotos; otros buscaban huellas, y los policías más jóvenes, mientras el cuerpo (lo que quedaba de él) estuvo allí, trataban mirarlo lo menos posible. Los forenses se inclinaban sobre aquel despojo con cara de desconcierto.

- ¿Qué pudo hacerle esto? -preguntó uno de los detectives, y mecánicamente limpió su lentes con un pañuelo.
- En este momento no se me ocurre nada -le contestó sinceramente un forense, negando con la cabeza.

Finalmente se llevaron los restos y luego se marcharon casi todos. Sólo quedó un policía para asegurarse que nadie entrara, porque después un grupo especial iba a revisar nuevamente la escena.
Cristopher, el agente encargado de vigilar la puerta del apartamento, quedó de espaldas a ésta, mirando alternadamente hacia los extremos del corredor. Ya pasaba la medianoche. Las gruesas paredes del edificio bloqueaban casi completamente los ruidos de la ciudad, aunque recorría el lugar un rumor incierto, apagado, difícil de determinar. Cristopher escuchó con atención pero no pudo determinar qué era aquello, pero le resultó sumamente inquietante.
El lugar estaba mal iluminado. Las lámparas, de poca potencia y muy distanciadas entre si, apenas iluminaban las puertas de los otros apartamentos, y de una de ellas salieron dos figuras encorvadas.
A Cristopher lo impresionó tanto el aspecto de aquellas figuras que alcanzó a tomar la culata de su arma; mas al instante las dos figuras eran solamente dos viejos, un hombre y una mujer.

La primer impresión fue tan fugaz que Cristopher la atribuyó a la falta de luz. Los ancianos, hamacándose al andar, avanzaron por el corredor hacia él.  Esperando que no hubieran visto su reacción, Cristopher deslizó su mano hacia el cinturón, hizo lo mismo con la otra y quedó en esa postura que a veces adoptan los policías.
En el rostro de los ancianos no quedaba ni un centímetro que no estuviera surcado por varias arrugas. Ambos eran jorobados y se movían con lentitud. Al pasar frente al agente lo saludaron inclinando la cabeza; Cristopher respondió de forma parecida, pues tuvo miedo de hablar y que la voz le saliera temblorosa. 
La pareja de ancianos dobló al alcanzar otro corredor. Cristopher quedó mirando hacia el borde de la pared donde aquellos dejaron de verse, y los ancianos asomaron rápidamente la cabeza a una altura mucho mayor que aparentaban al pasar frente a él. Ahora tenían que ser dos gigantes o estar flotando sobre el piso para poder asomarse a aquel nivel. Los dos hicieron un gesto burlón, horripilante, para luego mirarlo con furia y esconderse tan rápidamente como se asomaron.
A pesar del terror que sintió, Cristopher no se marchó del lugar, permaneció frente a la puerta hasta que llegaron los otros.
Unos años después se hizo detective, y en una ocasión aún más terrorífica que su primer experiencia, volvió a encontrarse con aquellas dos cosas; pero esa es otra historia…

6 comentarios:

CLAUDIA PEREZ dijo...

muy bueno sigue asi espero la segunda parte mi nombre es claudia saludos desde oaxaca mexico

Jorge Leal dijo...

Hola Claudia. Te mando un saludo desde Uruguay.

UTP LOS LIBERTADORES dijo...

Muy bueno, los comparto todos con mis alumnos y ya estan pidiendo la segunda parte. Felicitaciones, tienes un gran talento al estilo Edgar Allan Poe e Horacio Quiroga.

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias por tan generoso comentario. Saludos.

Koki Gonzalez dijo...

excelente historia como para película en varias partes.

Koki Gonzalez dijo...

excelentes historias con segundas partes y todo eso es como para hacer pelis o cortometrajes saludos desde Amatitlan guatemala..

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