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domingo, 17 de marzo de 2013

El planeta del terror

Los exploradores espaciales estaban confundidos con aquel planeta. Desde la órbita, los instrumentos indicaban que había vida en él, pero las lecturas eran raras, imprecisas.
A pesar de la poca información que se tenía sobre el planeta, se resolvió enviar una nave para explorarlo.  Un grupo de cinco astronautas bajó a la superficie. En la nave iba el capitán Jonson y sus subordinados: Smith, Anderson, Ortega y Lambert.
Desde la consola de la nave confirmaron el tipo de atmósfera que había en el lugar. Salieron con sus trajes espaciales puestos, pues la atmósfera era mortal para los humanos. Sin alejarse de la nave echaron un vistazo al tétrico paisaje del planeta.
Unas nubes muy oscuras se convulsionaban en el cielo; cruzaban velozmente, se arremolinaban, y toda esa actividad generaba relámpagos, pero a pesar de esa tormenta no caía ni una gota de agua.
La superficie era extrañamente parecida a un bosque terrestre. Los exploradores se miraron desconcertados.

- Aquí no puede existir este tipo de vida -dijo Anderson, mirando a su capitán.
- Es cierto - afirmó Jonson -. Con esta atmósfera no podría existir una vegetación así.

Como en toda exploración, cada uno llevaba un arma, y mirando hacia todos lados les quitaron los seguros: algo no estaba bien en aquel planeta.
De pronto, de atrás de un árbol surgió una niña pequeña que cargaba un muñeco en sus brazos.
La niña tenía el rostro inmóvil y la mirada inexpresiva, como si fuera una muñeca; en cambio el muñeco los miraba con malicia y sonreía.

- ¿¡Qué diablos es eso, capitán!? -exclamó Ortega, apuntando hacia el muñeco.
- ¡Tranquilos! No disparen. No creo que sea lo que parece, es… es algo más -dijo Jonson. 

Enseguida hizo su aparición otro personaje.  Era un lobo con cabeza de hombre. Aquella criatura caminó de un lado para el otro como una fiera enjaulada sin dejar de mirarlos, después se sentó sobre sus patas traseras.
Anderson gritó de repente; le habían tocado el hombro. Saltó hacia adelante y se volvió rápidamente; los otros también giraron, y entonces vieron a una persona sin rostro, que, extendiendo sus brazos buscaba dando manotazos al aire. Y en ese momento brotaron de todas partes unos gritos espeluznantes, carcajadas malignas y gruñidos roncos, y unas brujas calvas y decrépitas salieron volando del bosque aterrador y cruzaron por encima de grupo lanzando gritos y carcajadas.

- ¡Maldito planeta aterrador! -gritó Anderson - ¡Nos quiere matar de un susto!  
- Aparentemente sí. Debemos irnos de aquí. Esas cosas no pueden ser reales -observó Jonson, y agregó-. Dispárenles para ver cómo reaccionan.

Los hombres abrieron fuego; las criaturas ni se inmutaron, no eran reales.
Subieron a la nave y despegaron. En la nave principal dieron su reporte, que estaba respaldado por los videos que habían filmado las cámaras que llevaban en los cascos de los trajes espaciales.
Los científicos llegaron a la conclusión de que todo aquello era una especie de ilusión creada por algún ser con grandes poderes. Al planeta se lo llamó “El planeta del terror”. 

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