¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

sábado, 4 de mayo de 2013

Entre amigos y fantasmas

Al terminar las clases algunos compañeros de estudio decidimos salir a acampar.
Todos sentimos alguna vez esa nostalgia que se mezcla con la alegría de terminar un curso.
Esa acampada iba a ser nuestra despedida, concientes que nuevos quehaceres y ocupaciones
nos distanciarían inevitablemente.
Éramos doce en total. En bicicleta, partimos en pelotón rumbo a una laguna.  Fuimos por
una carretera agotadora, llena de subidas y curvas. Finalmente llegamos, empapados en
sudor pero alegres. El sol ya estaba alto en el cielo y hacía mucho calor.
La laguna era casi redonda, de cientos de metros de diámetro, muy honda en algunas partes.
Acampamos en la orilla donde hay árboles, allí armamos nuestras carpas. La idea era pasar
el día con su noche, y regresar en el próximo atardecer.
El lugar era hermoso. Unos repechos bastante grandes cubiertos por pastos bajos llegaban
hasta la orilla, y varios senderos serpentean por ellos. En la cima, por aquí y por allá se veían casas de veraneo.  Más allá, unos cerros lejanos se recortan en el horizonte, y en ellos se podía ver pequeños bosquecillos, que a la distancia parecían sólo unos manchones negros salpicados sobre un verde opaco.

El agua reflejaba el cielo, y ese día era de un azul profundo. Mas entre toda aquella belleza, hay muchas historias de ahogados, suicidios y accidentes, pues varios autos terminaron en el fondo de la laguna.
Durante la noche, conversábamos animosamente bajo la luz de un farol que pendía
de una rama.  De repente escuchamos un ruido en el agua, un ruido fuerte, como si
alguien se hubiera arrojado desde la orilla.  No habíamos visto a nadie más acampando
por allí, y la noche había enfriado bastante,  por lo que nos pareció un poco raro que
alguien se arrojara al agua. 
Uno de mis compañeros había llevado un foco potente, y con su luz barrió la superficie
de la laguna.  El agua estaba sumamente calma. Nos miramos sin decir nada, todos
sabíamos que allí había muerto gente. Apenas apagó el foco, nuevamente escuchamos
ruidos en el agua, como si alguien nadara.
La luz del foco reveló una superficie calma, inmóvil.  El resto de la noche seguimos
escuchando ruidos ,y hasta voces que venían del agua, sin que pudiéramos ver algo, y eso asustó a todos.
Nos marchamos temprano por la mañana. Gracias a esos hechos sobrenaturales, sé que ninguno va a olvidar esa acampada por más que pasen los años.

      

2 comentarios:

  1. Hay!
    no hables de bosques ni de lagunas jajaj mi nombre es Meisi, soy de anisacate, cordoba, argentina. yo vivo en el medio del monte y
    en carpa, pero dejando de lado eso, fenomenales estos cuentos, siempre
    me leo uno 5 todas las noches antes de dormir en la carpa y a veces, en
    familia, nos sentamos alrededor de una fogata a leer tus cuentos de
    terros, segui asi! me encantan y a mi familia tambien!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias. Les mando un saludo vecinos!!

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?