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lunes, 6 de mayo de 2013

Los vecinos

Rubén paseaba por su nueva propiedad.  Caminaba por un sendero que comenzaba en el jardín de la casa, se adentraba en el bosque y serpenteaba entre aquellos árboles añosos.  En algunas partes el  sendero desaparecía bajo una capa de hojas secas, y a Rubén, un hombre de ciudad (como el mismo se calificaba) le costaba volver a
encontrarlo. 
En un momento de su caminata se detuvo y miró extrañado su entorno próximo: no recordaba haber cruzado por allí. Esa parte del bosque era más tupida, más intrincada.
Tras voltear y volver a mirar lo que lo rodeaba, aceptó que estaba perdido. No sabía hacia dónde estaba la casa, aunque intuía que no era muy lejos de allí.
El sol del medio día brillaba entre las copas de los árboles. Rubén siguió avanzando, en procura del sendero.     Cada tanto soplaba una ráfaga de viento, y volaban hojas, y se agitaban las ramas; entonces aquel lugar se llenaba de crujidos, de rechinidos de ramas que rozaban entre si. Después el viento calmaba y el silencio volvía a reinar allí.

Llegó a una parte donde el bosque se habría en un claro. Rubén caminaba mirando hacia el suelo, para evitar tropezar con las incontables raíces y otros obstáculos que encontraba a cada paso.  De pronto, al levantar la vista se encontró frente a una construcción que lo dejó estupefacto, con la boca abierta. Ante él se erguía una cripta. La cripta estaba construida en piedra, y todo en ella indicaba que era muy antigua. Unas enredaderas ya secas cubrían las paredes entrecruzándose entre ellas. Tenía aquella cripta una gran puerta de hierro que estaba rojiza de tanto herrumbre. 
Rubén contemplaba aquella cripta cuando una nueva ráfaga de viento sacudió todo, y entonces, creyó escuchar ahora, entre el rumor del bosque, un, ¡aahhh…! Largo y cavernoso que salió del interior de la cripta.  Aquel sonido lo asustó tanto que inmediatamente quiso alejarse de allí; mas apenas le dio la espalda a la construcción, rechinó lastimosamente la puerta de hierro, y unos pasos presurosos salieron de allí rumbo a él; y a esos pasos se sumaron otros, y todos corrían hacia Rubén que, desesperado por el terror repentino que lo invadió se echó a correr como un loco, sin atreverse a voltear.
De milagro alcanzó el sendero que partía de su casa, y al verse cerca de ésta se atrevió a mirar sobre su hombro pero no vio nada.
Aquella experiencia fue sumamente aterradora para Rubén, pero iba a vivir una peor, pues se encontraba solo, se aproximaba una tormenta, y esa noche sus vecinos de la cripta lo iban a visitar.


  

5 comentarios:

Anónimo dijo...

me encanto me dio muchos miedo al final

Anónimo dijo...

A mi tambn me gusto de repente empece a sentiir miedo

Anónimo dijo...

no pos esta bueno y mas porque ahy cierto misterio y como queda al final saludos

Anónimo dijo...

Muy buenos tus cuentos me impresionó el de efectos secundarios jaja sigue asi

neohan dijo...

Órale...que miedo vivir en un lugar así..

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