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domingo, 28 de julio de 2013

Bajo el agua oscura

El grupo abandonó el comedor y se instaló en un salón donde había sillones grandes.  La noche ya estaba bastante avanzada, pero el dueño de la casa insistía en alargar la velada, y como además llovía intensamente, nadie quería retirarse todavía.  
Tomando café las mujeres, coñac los hombres, hablaron de todo un poco, y como la noche era ideal para encarar temas sombríos, empezaron a narrar cuentos e historias de terror.
López, un señor mayor de pelo blanco como la nieve, empezó así su relato:

- La situación más aterradora que pasé en mi vida, la viví (y apenas sobreviví a ella) cuando era bombero voluntario, una noche de tormenta.  Estaba en el cuartelillo cuando recibimos la llamada. No nos sorprendió, porque con una tormenta tan furiosa como aquella ya anticipábamos alguna tragedia. No era una tormenta nocturna de esas que te dan sueño, sino de las que te mantienen en vela con relámpagos y truenos que hacen temblar todo.
Alguien había caído en un arroyo. Cuando llegamos, un grupo de gente intentaba en vano rescatar a un tipo que, en medio de la corriente oscura, se aferraba a la rama de un árbol medio sumergido. El arroyo estaba irreconocible por lo tumultuoso de su caudal desbordado. Las luces de dos autos iluminaban al tipo y al agua marrón que intentaba arrastrarlo. Enseguida nos hicimos cargo de la situación. Me situé arroyo arriba, con una cuerda que sostenían mis compañeros atada a la cintura, y me arrojé a la corriente. En ese momento empezó a llover más fuerte, y entre el ruido del arroyo y el de la tormenta, apenas escuchaba el griterío de la gente y los de mis compañeros, y apenas podía ver. Pero con todo, igual pude llegar nadando hasta el tipo. Estaba paralizado de miedo y no cooperaba. Entonces usé mi cuerda para amarrarlo, y con señas le indiqué a mis compañeros que tiraran. Y de esa forma lo rescataron. Ahora el que estaba en apuros era yo.

Arroyo arriba se debe haber roto alguna presa, o alguna laguna grande se desbordó de pronto, porque el caudal aumentó sorpresivamente, y al quedar sumergida la rama donde me aferraba, el agua furiosa me arrastró con gran velocidad. Los que vieron aquella escena creyeron ver mi muerte. Mis compañeros se precipitaron arroyo abajo, gritando mi nombre y enfocando con linternas el agua negra erizada de lluvia.
Después de un momento confuso, de oscuridad ahogante y ruido ensordecedor, asomé la cabeza fuera del agua y pude respirar. Luchar contra aquella corriente era inútil. Me dejé arrastrar con los pies para adelante, como me habían enseñado, y así derivé arroyo abajo, sumergido del todo a veces y aguantando la respiración en medio del torrente embravecido.
Calado de frío hasta los huesos, fatigado por respirar poco, estuve por rendirme varias veces, pero al pensar en mi familia seguí sobreviviendo. De esa forma fui a dar en un tramo donde la corriente se amansaba. Allí recobré el aliento. Había desembocado en una laguna. Los relámpagos me mostraron la orilla más cercana, y hacia ella empecé a nadar. En ese momento sentí que me aferraban un tobillo, y se sentía como una mano. El peso de lo que arrastraba ahora me sumergió, y me llené de terror.

Imagínense, una cosa que estaba en la oscuridad del agua, una cosa desconocida me estaba sujetando. Y sentí más terror cuando a esa mano se le sumó otra que me agarró más arriba. En mi desesperación, pateé con mi pierna libre y alcancé a golpear algo, y al doblarme en la oscuridad del agua tratando de alcanzar a lo que me agredía, palpé un rostro blanduzco y asqueroso.  En ese instante de supremo terror me liberé, y nadando por mi vida alcancé la orilla. Poco después llegaron mis compañeros.
La laguna donde había desembocado, era conocida en la zona por estar embrujada -afirmó López al concluir su relato.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Wooow aterradora y fascinante a la vez, me encantan tus historias.....

Anónimo dijo...

Tus historias son geniales :) muy originales tienes un don para la escritura

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