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viernes, 9 de agosto de 2013

El poder del terror

¿Un grupo de gente que empieza a asustarse puede atraer involuntariamente a un ser paranormal? Yo creo que sí. Lo descubrí una noche ventosa cuando asistí a una reunión.
La reunión era de carácter político, pero como el tema que nos convocaba se trató rápidamente, luego seguimos charlando de todo un poco. Éramos doce, siete hombres y cinco mujeres. Nos encontrábamos en un salón bastante amplio.  Sentados en torno a una mesa grande, tomábamos café en tasas generosas. En el fondo del salón había una puerta que daba a un pequeño patio. De noche el patio quedaba completamente oscuro porque estaba encajonado por los altos muros de otras edificaciones vecinas, además, como no lo usábamos no encendíamos la luz. El patio nos parecía tan inaccesible desde otros terrenos que nunca cerrábamos con llave la puerta que daba a él.
Estábamos narrando todo tipo de anécdotas.  Tras comentar lo fuerte que estaba el viento afuera, uno de los presentes dijo recordar de pronto una historia de terror que le habían contado, una historia sobre una tormenta con viento.  Después cada uno empezó a narrar cuentos de terror. Hasta las mujeres sabían varios cuentos y leyendas.

¿Por qué contar cosas que nos asustan? Supongo que por motivos similares a los que nos impulsan a subir a una montaña rusa, a vivir una aventura peligrosa o a mirar películas de terror.
Mientras seguían los cuentos, a varios les pareció que la habitación se había puesto más fría, aunque la calefacción funcionaba. La persiana de la ventana que daba a la calle nos impedía ver hacia afuera, pero la ausencia de ruidos de vehículos hacía imaginar que la ciudad estaba dormida, que sus calles se hallaban desiertas, y que solamente el viento deambulaba por la noche llenándola de sus lamentos.
Acababa uno de contar una historia que evidentemente a todos les pareció aterradora y, tras un instante de silencio, golpearon enérgicamente desde afuera la puerta que daba al patio oscuro.  Las reacciones de susto y sorpresa fueron inmediatas: las mujeres gritaron, alguien dijo una palabrota, y yo volteé tan rápido hacia la puerta que sentí una puntada en el cuello. Después nos miramos desconcertados.
Las paredes que rodeaban al patio eran altísimas, ¿cómo podría llegar alguien hasta allí? ¿Bajando por una cuerda? Era absurdo, aunque claro, no era imposible que alguien estuviera allí; mas en aquel momento parecía lógico creer que era algo más.
Bastó que uno corriera hacia la puerta para que los otros lo imitaran.  Doce personas adultas huyendo de unos golpes en una puerta; es increíble el poder que tiene el terror en algunas situaciones.
Volvieron a golpear la puerta, lo que apresuró la salida del grupo. Yo me había levantado pero seguía frente a la mesa, y ante los nuevos golpes pregunté en voz alta:

- ¿Quién golpea, que quiere? -la respuesta me aterró. No fue una respuesta en si, sólo repitieron mis palabras con mi voz, con una voz que sonaba exactamente igual a la mía.
- ¿Quién golpea, que quiere? -entonces huí también hacia la calle.

Regresé al lugar por la mañana junto a varios de los presentes aquella noche. Las mujeres habían olvidado sus carteras en el apuro, y cuando entramos allí estaban, no faltaba nada. Revisamos todo, no habían robado ni roto nada, y en el patio no había indicios de que alguien hubiera andado allí.

6 comentarios:

  1. Que extraño! Una voz igual ala de el?? seria un demonio creo O.o

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  2. Muy buenos los cuentos de terror que escribís.

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  3. Seria su propio eco? el poder del terror lol

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  4. Pienso que se sugestionaron tanto con las historias que los traiciono su subconciente!!!

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  5. El cuento esta bueno, pero me pareció mal cuando comienza con eso de "un grupo de gente" eso es redundancia, ya que gente ya es un grupo.

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    Respuestas
    1. Hola. Ahora que lo pienso, es un poco redundante sí, pero poner solo "gente" sería muy general, es importante que aclarara que era un grupo, un número pequeño de gente. Gracias por comentar. Saludos.

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