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viernes, 27 de septiembre de 2013

Entre cuentos de terror

Esa noche los integrantes de un club de lectura comentaban un libro de cuentos de terror.
El más fanático de ese género era Rubén, el dueño de la casa donde se encontraban.

- Lo importante es la atmósfera, y en todos estos cuentos fue bien lograda -afirmó Rubén, mientras enseñaba el libro. Después miró a cada uno de los presentes que rodeaban la mesa, buscando una mirada de desacuerdo.
- Hoy en día solo la atmósfera no es suficiente para que sea de terror -objetó Cecilia, que también era adepta al género de terror, pero pensaba diferente a Rubén.
- La atmósfera es tan importante como el lugar donde se lean los cuentos -siguió defendiendo su punto Rubén-. No es lo mismo leerlos por la tarde en un jardín soleado que de noche en una casa vieja y grande como esta, ¿no?
- Pues a mí tu casa no me impresiona de esa forma, incluso me parece linda.

Los otros no opinaban para no interrumpir aquella contienda verbal que les parecía divertida, y alternaban la mirada de un contendiente a otro como quien mira un partido de tenis.

- No te impresiona porque no estás sola -contragolpeó Rubén-. Te propongo algo que te hará cambiar de opinión. Entra en aquel pasillo y ve recorriendo una por una las habitaciones. ¿Te animas?
- ¿Están vacías? ¿En serio…?
- Tienes mi palabra.

Los ojos de todos estaban ahora fijos en Cecilia. Ella sintió la presión. Se levantó y se alejó por el corredor como si nada.
Regresó un rato después, y lucía muy enojada:

- Rubén, tu palabra no vale ni… no vale nada. Tu abuela, o tu madre, quien sea esa señora, se enojó conmigo cuando entré a su habitación, y me dijo que no la molestara.
- Aparte de nosotros en la casa no hay más nadie. Ningún integrante de mi familia vive ni vivió acá.
- ¿Y quién es esa señora mayor que está acostada allí?
- Será uno de los fantasmas que rondan por aquí. Acompáñenme y se los demuestro.

Y todo el grupo fue hasta la habitación. Cecilia iba detrás, pues no quería que la señora le reprochara nuevamente.  Cuando los otros dijeron que allí no había nadie ella fue a verificarlo, y era así.
Cecilia quedó tan asustada que se marchó sin decir una palabra más.  Para los otros integrantes del club la situación fue demasiado extraña como para permanecer más tiempo allí.
Cuando Rubén quedó solo, fue hasta su biblioteca y eligió otro libro de terror. Luego de un rato de lectura hizo una pausa y escuchó. Desde varios puntos de la casa salían ruidos: pasos, susurros, puertas que se cerraban o se abrían.  Después volvió a su lectura.
Le gustaba tanto la literatura de terror que se compró una casa embrujada, porque el lugar donde se lee es importante.

10 comentarios:

Orutrasiul ZM dijo...

que buen cuento, felicidades

Anónimo dijo...

ESE tio si ke tiene sangre fria .mis respetos

José Luis Vassallo dijo...

Muy buen cuento. Diferente a los demas. El final del mismo muy bueno. Da para una historia de varias paginas donde al final el flaco se sienta y se pone a leer lo mas relajado. ;-)

Anónimo dijo...

el cuento es maravilloso!!!!!!!!!!! :D

Anónimo dijo...

Me encantó

Gabriela De Lama dijo...

Waoh! Él si que tiene la atmósfera perfecta ;)

Liz Gonzalez dijo...

Super bueno soy tu fans!!!

Jorge Leal dijo...

Hola Liz. Gracias por leerme. ¡Saludos!

Kelly Johanna Gaspar Ramos dijo...

Hola! Soy Colombiana. Hace poco he empezado a leer tus cuentos y me han encantado. Saludos Jorge Leal!!!

Jorge Leal dijo...

Hola Kelly. Eres de la tierra del buen café ¡Jeje! ¡Te mando un saludo desde Uruguay!

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